Las duras condiciones que enfrenta el éxodo centroamericano en territorio mexicano, así como las dificultades burocráticas y políticas, mantienen en el limbo a miles de personas que aún sueñan con llegar a EU.

A casi cincuenta días de que el primer grupo de migrantes centroamericanos cruzara en caravana la frontera de Guatemala e ingresara a Ciudad Hidalgo, Chiapas (sur de México), miles de ellos han recorrido un largo camino para llegar hasta el límite con EU, en un trayecto marcado por la incertidumbre y las condiciones difíciles en las que viven.

“Llegamos aquí a Tijuana (norte de México), y estuvimos bien cuando estuvimos en el albergue Benito Juárez, pero luego nos sacaron por la inundación que hubo, nos sacaron para la calle y luego ahí estamos en la calle con carpitas chiquitas, y ayer cayó un gran aguacero y se nos metió el agua de vuelta a la carpa, y está terrible”, dice en entrevista telefónica Alan Caballero, un migrante hondureño que está varado a unos cuantos metros del muro que divide Tijuana de San Diego (EU).

Para ‘Manchado’, como le dicen a Alan, aunque él aclara rápidamente que no tiene ningún tatuaje, han sido días muy difíciles en esta ciudad fronteriza del norte de México. Ahora duerme en la calle porque no quiso moverse al refugio de ‘El Barretal’, el albergue que habilitaron las autoridades mexicanas a decenas de kilómetros de la frontera, tras las lluvias, inundaciones y las condiciones insalubres en las que quedaron miles de familias que se habían establecido en la Unidad Deportiva Benito Juárez, a unos metros de EU.

Las razones de ‘El Barretal’

Milton Benítez, sociólogo y periodista hondureño que acompañó el trayecto de la caravana migrante hasta hace unos días, considera que el traslado a ‘El Barretal’ tuvo otra intención.

“No tiene las condiciones (…) no se les permite salir con regularidad, está militarizado, tomó el control la policía militar. Obviamente que tenía un objetivo y lo lograron, que era dividir el poder organizativo. Fue intencional el llevarlos ahí porque los desmovilizó”, asegura Benítez en entrevista telefónica desde Honduras.

Alan Caballero también cuenta que no quiso ir a ‘El Barretal’ porque, cerca de donde se encuentra ahora, dos señoras de Tijuana le “echan la mano”. Mientras tanto, duerme en las calles de una de las ciudades más violentas de México, junto a un niño de 8 años y su mamá.

Como Milton Benítez, Alan también cree que la organización se rompió: “Unos están por aquí, otros por allá, no se ve la organización que teníamos”.

Huyendo de su país

Originario de Santa Cruz de Yojoa, departamento Cortés (noroeste de Honduras), Alan huyó de su país porque no había oportunidades de empleo y quería ayudar a su familia. “Allá quedó mi hermana y mi madre que es diabética, tiene problemas de corazón, y este año que pasó le pegaron como tres paros cardiacos y uno al verse que no tiene trabajo para apoyar a su madre toma estas decisiones, no había otra opción; salir para ayudar a nuestra familia”, cuenta.

El Instituto Nacional de Migración de México (INM) estima que hay 9.431 migrantes centroamericanos repartidos a lo largo de territorio mexicano, aunque Milton Benítez estima que son 13,000. Como Alan, hay más de 6,000 miembros de la caravana tan solo en el estado Baja California, quienes permanecen en la frontera en espera de recibir asilo en EU.

El anhelo de EU

Alan espera solicitar la visa humanitaria en México para permanecer legalmente en el país latinoamericano: “Y si consigo un trabajo junto unos centavos”. Su objetivo, a pesar de todas las dificultades, es llegar a EU. “Es el anhelo que tengo porque, te voy a ser sincero, nosotros en Honduras no tenemos suficiente recursos”.

Un hombre saluda a miembros de la caravana en el traslado a otro refugio de Tijuana.
Un hombre saluda a miembros de la caravana en el traslado a otro refugio de Tijuana. Alkis Konstantinidis / Reuters

El panorama para Alan y para los miles de migrantes centroamericanos que dejaron sus países huyendo de la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades no es sencillo. El Gobierno de Donald Trump los ha recibido colocando más de 5.800 militares en la frontera, arrojando gas lacrimógeno a familias que intentaron ingresar sin papeles, cerrando la frontera y recibiendo solo 50 solicitudes de asilopor día.

Para Benítez, el Gobierno estadounidense apuesta por el desgaste y la clandestinidad de los migrantes. “Se volvió un tema muy político el hecho de resolver esa crisis humanitaria porque ellos le apuestan a continuar con una hegemonía sobre los países del área cuando la migración es irregular”.

Una crisis humanitaria

“Nuestros compatriotas no han tenido el derecho de ser escuchados como lo que son: un asentamiento de crisis humanitaria, producto de la corrupción y la violencia que ha gestado el tráfico de drogas en nuestro país, y el fracaso de EE.UU.y sus políticas de contrarrestar el narcotráfico durante más de 50 años”, explica Benítez.

El sociólogo y periodista centroamericano critica que el Gobierno de Juan Orlando Hernández ha tratado a sus compatriotas “con absoluta indiferencia”, una actitud que, a su juicio, se refleja cuando tratan de atender las causas que provocan esa inmigración.

“Honduras tiene cifras alarmantes como el 62% de la población en línea de pobreza, el 42% de esta misma sin posibilidades de subsistencia, un número escalofriante que no ha sido resuelto porque el gobierno no es conexo con la sociedad, entonces no iba a ser conexo con la migración”, concluye.

En la desesperación de un futuro incierto, 400 migrantes centroamericanos saltaron el muro esta semana y se entregaron a la Patrulla Fronteriza de EU, mientras que 1.906 formaron parte del retorno asistido, según cifras del Instituto Nacional de Migración (INM).

Alan, mientras tanto, cuenta que no apuntó en la lista para solicitar asilo porque no se había dado cuenta de la existencia de esta. Cuestionado sobre su futuro, ‘Manchado’ solo dice: “La idea de todos es llegar a EU, pero vamos a ver qué dice Dios, porque Dios es el que hace y deshace”.

 

Esta nota originalmente se publicó en Actualidad rt

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