Al son de tradicionales villancicos europeos ejecutados por varias bandas de música, este viernes fueron iluminados y develados los adornos monumentales que animarán estas fiestas decembrinas en la Plaza de San Pedro.

Entre esos adornos destaca un abeto rojo de 25.3 metros de altura y de 65 años de antigüedad, que en esta ocasión fue obsequiado por la norteña región italiana de Friul-Venecia-Julia y que fue cortado en el Bosque de Cansigno.

Elegido en marzo pasado por especialistas, por sus hojas, su resistencia y que su corte no produjese particulares daños al medio ambiente, hicieron falta 10 personas para cortarlo antes de su traslado en camión hasta Roma, que duró unas 24 horas.

Ubicado junto al obelisco central de la Plaza de San Pedro, los obreros de los servicios técnicos de la Gobernación del Estado Vaticano procedieron a adornarlo con miles de esferas de color dorado junto con luces de tonos cálidos.

Durante la ceremonia de iluminación, al caer la noche romana de este viernes, se procedió a la iluminación desatando el entusiasmo de miles de personas congregadas para la ocasión.

La tradición del árbol de Navidad gigante en la Plaza de San Pedro data de 1982, cuando el Papa Juan Pablo II aceptó el regalo de un abeto de gran tamaño traído hasta Roma por un agricultor polaco que quiso homenajear a su compatriota pontífice.

Desde entonces y a lo largo de las pasadas tres décadas, diversas regiones europeas se han encargado de regalar -año tras año- el árbol al Papa.

Tanta es la demanda de participar en esta iniciativa que la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano ya tiene programadas las donaciones que recibirá hasta el año 2035. En esta ocasión, el árbol fue cortado en el Parque de las Dolomitas, en la norteña región italiana de Friul-Venecia-Julia.

Junto con el gran abeto, llegaron hasta el Vaticano decenas de otros árboles navideños de diversas dimensiones que serán colocadas en varias oficinas y salas vaticanas.

Además, a pocos pasos del árbol gigante y detrás de unos grandes telones, se ubicó un nacimiento monumental tallado con especial maestría sobre una montaña de miles de kilogramos de arena traída hasta Roma desde las playas del municipio italiano de Jesolo.

El nacimiento, titulado “Sand Nativity”, fue donado al Papa Francisco por el municipio de Jesolo y los tres escultores del grupo “Sultans of sand” realizaron una obra de 16 metros de ancho, por cinco de alto y seis de profundidad.

En la ceremonia de este día, se desvelaron las grandes telas blancas que cubrían la obra y se iluminó de repente, dejando atónitos a los presentes.

Tanto el árbol como el nacimiento, como es tradición, serán las principales atracciones de Roma en estas fiestas decembrinas y podrán ser admirados gratuitamente en la Plaza de San Pedro hasta el 6 de enero próximo, cuando concluya el periodo navideño y sean desmontados.

La madera del enorme árbol será reciclada y servirá para la construcción de juguetes para niños enfermos.

Esta nota originalmente se publicó en Excélsior

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