Los inmigrantes no son portadores de enfermedades ni cargan los servicios sanitarios ni dañan las economías, según una revisión internacional

Son los mitos que con más frecuencia utilizan algunos gobiernos para negar la entrada de migrantes o restringir el acceso a la atención sanitaria.

Los inmigrantes no son portadores de enfermedades ni tampoco una carga para los servicios de salud. Así de contundentes resultan las conclusiones de la revisión médica más completa realizada hasta la fecha y que acaba de publicar la revista The Lancet. Lejos de lo que algunas formaciones políticas puedan exponer e invalidando políticas restrictivas que distintos países han establecido para prohibir su entrada según su estado de salud, este informe internacional asegura que los migrantes contribuyen más a las arcas del Estado de lo que reciben a cambio y que sus tasas de mortalidad en la mayoría de las enfermedades son más bajas que las de la población general.

Este nuevo trabajo, dirigido por 20 reconocidos expertos de 13 países, desmonta los mitos que con más frecuencia utilizan algunos gobiernos para negar la entrada de migrantes o restringir el acceso a la atención sanitaria. “En demasiadas nacionalidades, el tema de la migración se usa para dividir sociedades y promover una agenda populista”, señala el editor de la publicación médica, Richard Horton. “Con mil millones de personas en movimiento que hay hoy en día, el aumento de la población en muchas regiones del mundo y las crecientes aspiraciones de una nueva generación de jóvenes, la migración no desaparecerá […] Contribuyen más de lo que cuestan y la forma en que demos forma a su salud y bienestar afectará a nuestras sociedades para las generaciones futuras”.

Según el análisis, en las economías avanzadas, cada aumento del 1% en los migrantes en la población adulta incrementa el Producto Interior Bruto por persona hasta en un 2%. Además, estas personas contribuyen a la riqueza global. A lo largo de 2017, enviaron aproximadamente 613 mil millones de dólares a sus familias de origen. La mayoría de los migrantes en países de altos ingresos son estudiantes que pagan por su educación o trabajadores que son contribuyentes.

Es decir, la migración no daña economías ni supone una carga para los servicios de salud. Al contrario, “es más probable que estas personas refuercen los servicios brindando atención médica, enseñando a los niños, cuidando a las personas mayores y apoyando los servicios de personal insuficiente”, tal y como resume el informe.

Los migrantes internacionales en países de altos ingresos tienen tasas de mortalidad más bajas en comparación con las poblaciones en general en la mayoría de las categorías de enfermedades (cardiovasculares, digestivas, endocrinas, neoplasias, patologías nerviosas y respiratorias, trastornos mentales y conductuales). Además, “no existe asociación sistemática entre migración e importación de enfermedades infecciosas. La evidencia muestra que el riesgo de transmisión a las poblaciones de acogida es generalmente bajo”, reza la revisión.

En cuanto al uso de los servicios sanitarios, Pablo Iglesias, técnico de incidencia política de Médicos del Mundo, recuerda que “las personas inmigrantes suponen entre un 23% y un 31% menos de gasto medio de un español”. Las razones: “Numerosos análisis han demostrado ya que las personas que llegan a España tienen normalmente un buen estado de salud, mejor que la media española. Tienen que afrontar un proceso extremadamente duro y la mayor parte de las personas que lo hacen son muy jóvenes y con muy buen estado de salud. Por otro lado, existe miedo a la discriminación asistencial“.

Así, desmontando un mito detrás de otro, la comisión de expertos del metaanálisispide a los gobiernos que mejoren el acceso de los migrantes a los servicios de salud y refuercen su derecho a la atención sanitaria. Como señalan en la revista The Lancet, los límites al acceso para la atención sanitaria y la restricción de la entrada basada en su estado de salud son cada vez más comunes. De hecho, 35 países han impuesto algún tipo de prohibición de viajar a las personas con VIH.

En palabras del presidente de la comisión de expertos, el profesor Ibrahim Abubakar, “no crear sistemas de salud que integren a las poblaciones migrantes podría resultar más costoso para las economías nacionales y la salud global que las modestas inversiones necesarias para proteger el derecho a la salud de los migrantes y garantizar que puedan ser miembros productivos de la sociedad”. En la misma línea, uno de los autores del trabajo, Terry McGovern, de la Universidad de Columbia (EEUU), asegura que “esta estrategia es esencial para reducir los costes asociados con cualquier carga de enfermedad evitable en estas poblaciones”.

 

Esta nota originalmente se publicó en El Mundo

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