Ciudad de México. La ‘‘primicia” de El Antiguo Testamento y el arte novohispano, exposición montada en el Museo Nacional de San Carlos, es el lienzo monumental Santísimo, Kadosch Kadoschim o Sancta Sanctorum, proveniente del santuario de Atotonilco, estado de Guanajuato.

Es una novedad porque esa obra dieciochesca, de autor desconocido, casi no es vista, por lo menos por los fieles, debido a que en ese recinto se ubica detrás de un altar y un muro.

En conferencia de prensa Carmen Gaitán Rojo, directora del museo, habló de las dificultades para traer la pintura a la Ciudad de México en la medida que la empresa de transportes con la que siempre trabaja el Nacional de San Carlos se negó con el argumento de que era imposible descolgarla.

En el altar, además, había una serie de figuras santas que no permitirían que la pieza ‘‘volara”. La pintura ocupa un lugar que simbólicamente recuerda el espacio sagrado del templo de Jerusalén al que sólo entraba el sumo sacerdote.

Marcela Covera, curadora de la muestra que reúne 55 obras, insistió en que sin ese lienzo la exposición ‘‘se caería”, porque comprende una serie de elementos que la fundamentan, como una menorá (base), el Arca de la Alianza, los querubines y las tablas de la ley.

El día que el equipo museográfico del Museo Nacional de San Carlos viajó al santuario de Atotonilco, el párroco, que en todo momento apoyó el préstamo –‘‘entendió que el arte es para todos”–, los esperaba con 15 personas. Quitaron las figuras del altar y deslizaron la pintura hacia adelante, claro, con todos los cuidados requeridos para su traslado, explicó Gaitán.

Pintura, escultura, relieves y piezas de taracea

El Antiguo Testamento y el arte novohispano no es una exposición más que habla de arte sacro, aclaró Gaitán. Tampoco es una exhibición de arte católico, añadió Corvera, catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México y estudiosa de la iconografía de la Biblia. Al parecer es la primera vez que en México se hace una exposición sobre el Antiguo Testamento.

La muestra, en palabras de Carmen Gaitán, es ‘‘un cruce de caminos” y revela ‘‘qué sucede cuando llegan los conquistadores que traen un imaginario en el que todavía está muy presente la iconografía del Antiguo Testamento”.

Añadió que es ‘‘fascinante cómo se cuelan elementos absolutamente hebraicos, cuando de alguna manera los cristianos siempre damos la espalda al creer que esto no es lo bueno, no es lo justo; sin embargo, venimos de allí. Es nuestro origen”.

Integrada por pintura, escultura, relieves, un biombo y trabajos de taracea (técnica ornamental), casi todas del siglo XVIII, aunque también del XVII, algunas piezas fueron creadas por artistas como Juan Correa, Miguel González, José de Páez y Antonio de Torres.

También se exhibe una pieza del Virreinato peruano, una confeccionada en el Lejano Oriente y tres europeas de la colección permanente del Museo Nacional de San Carlos.

Según la curadora, la exposición propone diferentes lecturas para públicos diversos. Para los que gustan del arte, por éste en sí mismo, mientras para el mundo hebraico ‘‘puede ser relevante, porque aun cuando todas estas obras se hicieron en un contexto católico, éste reconocía la importancia del Antiguo Testamento. Los judíos podrán ver cómo los católicos representan estas historias que ellos no llevan a la plástica”.

En el transcurso de la investigación, añadió Marcela Covera, se descubrió que algunas obras no estaban bien catalogadas, es decir, había interpretaciones equivocadas y se corrigieron.

La exposición El Antiguo Testamento…, en el Museo Nacional de San Carlos (Puente de Alvarado 50, colonia Tabacalera), concluirá el 3 de marzo de 2019.

 

Esta nota originalmente se publicó en La Jornada

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