“Los Beatles fueron una gran máquina de felicidad humana, tal vez la más grande en el siglo XX”, puntualiza el periodista británico en entrevista

Palo dado ni Dios lo quita, afirma un dicho, aunque hay maneras de resarcirse. Philip Norman lo hizo con creces al escribir Paul McCartney. La biografía (Malpaso, 2018), un libro voluminoso y equilibrado donde tiene cabida el genio de la música, pero también el ser humano, con sus debilidades y virtudes.

En entrevista telefónica, Norman refiere que luego de publicar Shout!: The True Story of the Beatles (Pan Books, 2004) se dio cuenta de que no había valorado con justicia a McCartney. Además, luego había escrito John Lennon (Anagrama, 2009), biografía para la que contó con la colaboración de Yoko Ono, la viuda del compañero de McCartney en los Beatles.

El también periodista considera que en el proceso de hacer esta nueva biografía advirtió que “McCartney, a su manera, es tan inseguro como John Lennon. John era inseguro por su contexto familiar, y aunque Paul tuvo un entorno familiar feliz, es inseguro como son todos los artistas creativos: nunca están satisfechos, siempre quieren hacer más, luego se rinden momentáneamente. Además, es alguien que puede subir al escenario y ganarse el amor del público como cuando tenía veintitantos años”.

Como en Por qué importa Sinatra (UNAM/El Equilibrista/Conaculta, 2009), libro donde Peter Hamill refiere los claroscuros de Frank Sinatra para explicar su grandeza, Norman no oculta las facetas desagradables —al fin humano— de McCartney ni escatima sus logros. De ahí la pregunta: ¿Por qué importa McCartney?

“Les importa a millones y millones de personas que en su tiempo fueron encantadas por la música que hizo con los Beatles y luego con su banda Wings. Y les importa a las generaciones que vinieron después, que son mucho muy jóvenes para haber existido cuando los Beatles eran muy famosos, pero que también se sienten cautivadas por McCartney”, responde el también biógrafo de Mick Jagger, Elton John, los Rolling Stones y Buddy Holly.

El autor británico agrega que puede pensarse que “alguien con ese don musical, con tan buen aspecto y encanto, es muy pagado de sí mismo, pero McCartney no es así. Ese fue un verdadero descubrimiento”.

Norman define a uno de los iconos de la música pop como “un hombre hecho de música”. Hay poca gente que alcanza esta clasificación, explica, “como Louis Armstrong, que está tan hecho de música como de carne y hueso, o Gene Krupa, el baterista que dedicó toda su existencia a la música. McCartney pertenece a esa estirpe especial: es pura música”.

¿Cuál es importancia social de alguien como Paul McCartney, tanto con los Beatles como en su carrera en solitario?

Es difícil hablar sobre la importancia social, pero la distribución de felicidad en un mundo donde no hay demasiadas cosas para mostrarse feliz, los Beatles fueron una gran máquina de felicidad humana, tal vez la más grande en el siglo XX. Y él es parte de esa maquinaria y siempre lo será.

¿Diría que a través de su protagonista, el libro aborda también la historia de la música pop y su evolución?

De hecho, todos mis libros realmente son acerca de una historia: cómo la música popular británica tomó por asalto al mundo en los años 60. Fue la versión británica del rocanrol estadunidense que fue reexportado a Estados Unidos con un pequeño giro de esencia británica y luego dominó el mundo. Todos mis libros son en realidad una historia.

Aunque ha escrito libros de ficción, obras de teatro y ha hecho mucho periodismo, tanto musical como de otros géneros, Norman afirma que “es muy difícil escribir sobre música pop, y escribir sobre los Beatles, o sobre alguno de ellos, es particularmente difícil porque todo mundo piensa que es un experto, así que tienes a todos asomándose sobre tu hombro, esperando que cometas un error. Además hay que encontrar algo nuevo qué decir, y debes trabajar duro para lograrlo. También está el hecho de hacer interpretaciones nuevas sobre lo que ocurrió en una historia muy conocida. Hacer este trabajo se vuelve una autoflagelación”, señala entre risas.

 

Con información de Milenio

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