La ingesta de bacterias específicas puede ayudar a combatir la obesidad; sin embargo, para lograr la supervivencia y funcionamiento se requieren fuentes de glucosa o azúcares simples para que lleguen vivas al intestino.

Para lograrlo, es necesario desarrollar alternativas comestibles y sanas que sirvan como “vehículos” para garantizar la vida útil de estos microorganismos.

El doctor Óscar Rojas Rejón, coordinador del Programa Formal de Investigación de Procesos Tecnológicos e Industriales del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), encabeza un proyecto de investigación en el que se busca cultivar y producir microorganismos que ayuden a disminuir los índices de obesidad en pacientes con enfermedades crónico degenerativas o relacionadas con el síndrome metabólico.

A la par, se investigan los mejores materiales para que las bacterias y levaduras elegidas puedan ser ingeridas por los pacientes, y que resistan el tránsito digestivo para que cumplan su funcionalidad cuando ingresen a los intestinos, donde pasarán a formar parte de la microbiota intestinal, conjunto de microorganismos únicos en cada individuo.

Rojas Rejón enfatiza que el equilibrio de la microbiota intestinal es determinante para la salud física y mental de las personas.

“Teníamos conocimiento sobre cómo hacer probióticos a nivel laboratorio, pero aún estaba la duda sobre si realmente la administración adecuada, tanto en viabilidad como en concentración, tenía un efecto sobre los marcadores de síndrome metabólico o si con el consumo regular había reducción en factores que podrían derivar en disminución de grasa corporal, peso o padecimientos de enfermedades crónico degenerativas”, explicó.

El científico detalló que trabajó con los investigadores Laura Arellano Gómez, Edgar Mendivil Rangel y Karla Nuño Anguiano, de la licenciatura en nutrición y ciencias de los alimentos del ITESO, para conocer la viabilidad y efecto de los probióticos en pacientes.

Posteriormente, el proyecto planteó elaborar materiales y matrices alimenticias que sirvieran como soporte o vehículo para los probióticos y como alternativa a las formas tradicionales a base de glucosa.

“Trabajamos en producir, generar y estabilizar una cápsula o soporte que contuviera la mezcla de probióticos y que además estos pudieran permanecer vivos por al menos cuatro meses sin necesidad de añadir cantidades considerables de glucosa o azúcares simples para que puedan sobrevivir”, comentó.

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Con información de Excélsior

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