Economía mexicana: necesidad de un cambio

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A partir del 1° de diciembre de 1982 comenzó en México el proceso de apertura comercial unilateral y se afianzó ingresando primero en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (actual Organización Mundial del Comercio), para dar paso al TLCAN.

Este tratado no se realizó con el fin de reducir los aranceles en ambas economías. En EU los aranceles eran ya muy bajos, en especial para la mayor parte de los productos mexicanos, los cuales entraban bajo el Sistema Generalizado de preferencias. En México la situación era similar y las barreras no arancelarias casi se habían eliminado, después de las sucesivas rondas unilaterales de apertura comercial.

La razón de fondo de haber establecido el TLCAN fue dar seguridad a la inversión extranjera para que invirtiera en México. El tratado daba certeza a los inversionistas extranjeros a instalarse en México, aprovechar la mano de obra barata y, una vez cumpliendo con las reglas de origen del tratado, exportar a EU y Canadá.

Después de casi 35 años de que se inició el llamado “cambio estructural”, y a 24 años de haberse iniciado el TLCAN, México se ha convertido en un gran país maquilador, con exportaciones con gran contenido importado y bajo valor agregado. A la par de este auge exportador, se produjo un estancamiento secular. La tasa de crecimiento del ingreso por habitante de 1983 a 2017 fue de 1.01% y desde que entró en vigor el TLCAN (1994-2017) de 1.26%.

En tanto que durante las dos etapas en que hubo una intervención inteligente del Estado en la economía mexicana, el crecimiento fue varias veces mayor —durante el Porfiriato (1876-1910) la tasa anual de crecimiento del ingreso por habitante fue 2.71%, y durante la etapa del milagro mexicano (1934-1970) de 2.8%—.

Gran parte de la responsabilidad del estancamiento económico de México recae en las obligaciones aceptadas por México en el convenio de “adhesión” a la OMC y, posteriormente, en las condiciones que ofrecieron los “negociadores” mexicanos o que impuso EU para aceptar el “Acuerdo”. En este acuerdo, México ni siquiera consideró proponer que se considerara el grado de asimetría existente entre los tres países por temor a ser rechazado.

La apertura comercial y de capitales y los acuerdos firmados ante la OMC y el TLCAN, y la cláusula de “trato nacional” nos impiden tener una política de desarrollo industrial de carácter vertical, puesto que cualquier apoyo que se dé y que origine exportaciones es considerado como prácticas desleales de comercio, tampoco se puede favorecer con apoyos exclusivos para impulsar el desarrollo de empresas mexicanas, debido a que la IED, con la cláusula de “trato nacional”, no puede ser excluida de estos beneficios.

Además, ha vuelto ineficaz el papel del gasto público como estabilizador de la economía, debido a la alta propensión a importar, esto hace que una buena parte del gasto se filtre hacia el exterior presionando la balanza comercial. Por otra parte, la apertura al mercado de capitales impide utilizar a la política monetaria como instrumento de desarrollo económico; las tasas de interés no son utilizadas únicamente como instrumento regulador del mercado de divisas.

En suma, no existe ningún instrumento de política que haga posible una mayor tasa de crecimiento y somos totalmente dependientes de lo que sucede en la economía estadounidense. La “renegociación” del TLCAN no cambiará la situación de dependencia y bajo crecimiento, sino que la empeorará, lo que ahora se requiere es replantear la estrategia de crecimiento.

opinión de José Romero Tellaeche

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