Cambio necesario

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La primera pregunta que se hace la ciudadanía en relación al ahora ex titular de la Secretaría General de Gobierno es si la separación del cargo es por renuncia o cese ordenado por el gobernador Alejandro Murat Hinojosa. En algunos medios se afirma que quien fuera diputado local y presidente de la Junta de Coordinación Política fue cesado al conocerse que utilizó el helicóptero oficial para fines familiares. En otros se afirma que se vio obligado a renunciar ante las críticas y señalamientos hechos en las redes sociales por la misma razón, abusar de la posición para atender peticiones de familiares y amigos.

De una u otra manera el motivo es el mismo. Si fue cesado bien merecido lo tiene, pues el gobernador no podía ni debía permitir que los bienes públicos, los recursos que deben servir para asuntos oficiales, de gobierno, se destinen a satisfacer necesidades personales y privados. Hechos como èste generan indignación en la sociedad. Por casos similares han sido separados del gobierno federal funcionarios que dispusieron de los bienes públicos con la idea de que pueden utilizarlos a su antojo. Movilizar un helicóptero significa no solo el desgaste de la unidad sino además gastos e inversiones que se cubren con recursos del presupuesto provenientes de los impuestos de los contribuyentes.

La designación de Alejandro Avilés como encargado de la política interna del estado no tuvo el aval ciudadano. Se vio en él, no la capacidad y el talento para ayudar al gobernador a resolver lo que en la entidad abundan, problemas y conflictos. No arribó a la posición con las mejores cartas de presentación. Como diputado local su desempeño fue reprobado. Formó parte de una de las peores legislaturas que haya habido en la entidad, calificada como inepta, onerosa, improductiva y corrupta Como presidente la Junta de Coordinación Política fue señalado en forma repetida de desviar el presupuesto de la Cámara de Diputados, realizar obras innecesarias en el recinto legislativo, disponer de ayudantes y colaboradores personales con altos salarios.

Las circunstancias permitieron hacer lo necesario, la separación del cargo. Alejandro Avilés no podía continuar en la delicada y trascendente posición siendo factor de complicaciones y no de soluciones. Los conflictos que debió encauzar y resolver se volvieron tempestades ciudadanas arrasando en todas las regiones con los nefastos bloqueos carreteros y accesos de la capital del estado. Su palabra no fue escuchada en las reuniones con la organización más experimentada en materia de conflictos, con el magisterio, acostumbrado a acorralar a quien se deja y da muestras de debilidad.

Las referencias negativas del señor Avilés no son exageradas. Corresponden a realidades, a acusaciones sobre la venta de candidaturas de presidencias municipales y diputaciones desde su partido político. A la insistencia en colocar como administradores municipales a personas señaladas por diversos municipios y comunidades como corruptas. La verdad es que los antecedentes no lo recomendaban bien. Corregir es un imperativo y el gobernador Alejandro Murat ha tomado la decisión de realizar el cese, llevar a cabo el cambio para redefinir el rumbo

Las voces ciudadanas que demandaron el cambio fueron escuchadas. Imposible no hacerlo ante las evidencias de abusos. Esas voces no trataron de atacar al funcionario sino exigir el cambio a partir de denuncias sustentadas.

Se puede abusar una, diez o más veces, pero no siempre y sin consecuencias. Un mal funcionario no debe abusar, pisotear, burlarse del pueblo.

Opinión de Mario Blanhir González

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