Sitybus, un barril sin fondo

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El transporte público de pasajeros en la ciudad de Oaxaca ha sido un problema grave, permanente, sin solución. Propuestas, proyectos, ideas, no han faltado. Sigue igual, en momentos peor. Viejas unidades realizan el traslado de miles de pasajeros en condiciones inapropiadas, de exposición al peligro por fallas mecánicas. Conductores improvisados ponen en riesgo la integridad de los usuarios. Las rutas las diseñan e imponen los concesionarios. Frecuentemente grupos y organizaciones secuestran los vehículos para utilizarlos como obstáculos en los bloqueos que llevan a cabo.

Por donde quiera que se vea y se analice el caso se encuentran irregularidades, fallas, incumplimientos de acuerdos, lo que hace que el servicio sea pésimo, impropio e indigno para quienes lo utilizan y pagan de acuerdo a las tarifas oficiales. De ahí que surgió la idea de contratar a una empresa privada para que realizara un estudio y propusiera soluciones viables. Al final propuso el proyecto de formación de un sistema de transporte a cargo de la Secretaría de Administración.

Se definió una ruta para proporcionar servicios entre la agencia municipal de Viguera y el municipio de Xoxocotlán. Se decidió construir la infraestructura: carriles de circulación con cemento hidráulico en algunos tramos, señalamientos, definición de carriles de contraflujo, estaciones, terminales. Se adquirieron autobuses que serán operados por personal de cuatro empresas. Las obras debieron terminarse antes del fin del sexenio de Gabino Cué, para de inmediato iniciar operaciones. El propósito fue entregar a la ciudad un proyecto funcional, adecuado a las necesidades de la población.

Lo que mal empieza mal acaba. El plan de ejecución no ha funcionado. La falta de información, las molestias que los trabajos ocasionaron a los vecinos de la ruta, provocaron reacciones de oposición que frenaron las obras por varios meses. El mobiliario de varias estaciones han sido vandalizadas. Los señalamientos, las líneas de separación de carriles, las boyas que definen los carriles de circulación han sido dañados. La impresión que causa el proyecto es de desastre. Poco o nada ha servido para ser solución al transporte que utilizan miles de personas.

La ruta incluye al Mercado de Abasto. Las banquetas del perímetro de la zona comercial se encuentran invadidas con puestos y casetas de todos tamaños, obligando a los peatones a caminar por los carriles de circulación poniendo en peligro su integridad, su vida. El tráfico vehicular es intenso, caótico, indetenible, por los intereses de las líneas camioneras, taxistas, moto taxistas, comerciantes que estacionan sus unidades en los espacios de la ruta. La otra parte difícil es la del Parque del Amor, ocupada por grupos que de violentos tienen todo y que ven afectados sus intereses con el trazo del proyecto.

¿Cómo desatar el nudo en estos espacios que impiden el avance de los trabajos, que auguran oposiciones, complican el conflicto existente? Las respuestas no las tiene el secretario de Vialidad y Transporte que calcula la terminación de los trabajos en cuatro meses, a pesar de los daños que registra el mobiliario instalado y los señalamientos colocados para dar la impresión de que se aprovecharán los avances. Francisco López García habla de corregir fallas, de otro estudio que determine la viabilidad del proyecto lo que representa màs gastos, ponerle màs dinero a las acciones. Habla de revisiones a fondo, de realizar ajustes. Lo que significa tratar de salvar el proyecto que cuyo costo no precisa al informar que la Secretaría de Finanzas reportó 522 millones de pesos, la de Administración, a cargo de Alberto Vargas, dio a conocer que destinó 450 millones. En estas condiciones el proyecto es un barril sin fondo.

El gobierno de Gabino Cué se caracterizó por haberse mostrado dubitativo en relación a los obras mayores a realizar en la capital del estado. Caso emblemático es el de distribuidor vial de Cinco Señores que al ser conocido fue cuestionado. Tanto que obligó a cambiarlo por otro, que en la ejecución se fue prolongando en el tiempo. Màs de dos años se invirtieron en esa obra causando daños a los establecimientos comerciales, a los vecinos, a los conductores que batallaron para ingresar y salir de la zona.

El caso del llamado Citybus inició a mediados del 2015. Pasa del año y medio. Se acerca a dos para mantener el ritmo de las obras del gobierno de Gabino Cué. Está tan enredado el proyecto que es atrevido asegurar le fecha de terminación de los trabajos, como del inicio de operaciones. Mientas tanto lo hecho se destruye, los 42 autobuses adquiridos permanecen parados.

Opinión de Mario Blanhir González

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