Bloqueos: realidades que dañan                                                                                        

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Quedarse por varios horas detenidos en las carreteras por bloqueos realizados por quienes de esta manera presionan al gobierno del estado, a diversas autoridades, para “solucionar” problemas y conflictos a modo, es desesperante. La espera de reabrir el paso se vuelve tediosa. La impotencia se apodera de los atrapados, que no tienen alternativas, no encuentran las llamadas vías alternas, sobre todo en tramos montañosos.

En diciembre pasado me tocó vivir la experiencia. Regresaba de la región del Istmo a la ciudad de Oaxaca. De pronto, en el tramo entre San Juan La Jarcia y el paraje Portillo de San Dionisio, fue necesario detener la marcha. Las versiones de los otros conductores sobre el motivo del bloqueo fueron diversas. Se dijo que pobladores de comunidades de la zona protestaban por los resultados de la elección de autoridades municipales. En uno y otro sentido se formaron largas filas, de varios kilómetros, de vehículos de toda clase y tamaño. Los pasajeros de autobuses esperaban en el interior y fuera de las unidades. Los conductores de tráiler, acostumbrados a ser víctimas de estas acciones, tendieron hamacas apoyándose en los árboles.

Cada afectado trataba de hacer algo, distraerse. Desesperados otros, trataron de buscar explicaciones y convencer a los causantes del bloqueo para que retiraran los obstáculos. La espera fue de más de tres horas. El viaje, que debió de ser de cuatro horas, se prolongó causando daños de distintas maneras. En ese largo periodo de tiempo no se notó la presencia de alguna autoridad. La intransigencia se impuso. Ruegos, suplicas, exigencias, nada funcionó ante quienes amenazantes portaban machetes.

Cuando al fin se abrió el paso, el recorrido se volvió lento, muy lento. Las tráiler de doble remolque, que trasladaban combustibles y cemento, circularon a su paso por la ruta, montañosa. Imposible rebasarlos en una carretera que se ha vuelto inoperante, que de si es complicada por sinuosa, solamente de dos carriles. Lo que en automóvil se recorre en promedio en cuatro horas, se hizo en siete.

Los efectos de un bloqueo carretero son brutales. Quienes los proponen y organizan no meditan en los daños que causan, No les importan los intereses de los demás, las necesidades de los enfermos que se trasladan desde sus lugares de origen hacia donde podrán ayudarlos. Cada usuario de los caminos tiene motivos, algunos de atención urgente. Nada va ni usa las carreteras por simple gusto. Cada quien se traga su bilis. Las condenas y los insultos a las autoridades sirven como terapia. No queda de otra en una entidad en la que los atentados a los usuarios de los caminos son frecuentes.

En el estado no hay semana sin bloqueos. En la Mixteca, nuevamente en Nochixtlán, en las dos vías. En la supercarretera de cuota y en la federal. El motivo, inconformidades por acciones que tienen que ver con el esclarecimiento de los hechos violentos, del desalojo del 19 de junio del año pasado. En el Istmo, en el crucero de la Ventosa, que define las rutas hacia Veracruz y Chiapas. El motivo, inconformidades por la elección del agente municipal. Con piedras, palos, ramas de árboles, se impide el paso. Son mujeres las que dan la cara a los molestos conductores de toda clase de vehículos. Los ausentes son los negociadores de la Secretaría General de Gobierno, a cargo de Alejandro Avilés, a quien diputados de la LXIII Legislatura, exhortan a responder, atender sus funciones, resuelva los problemas que se agravan por indolencias y desprecios.

Son varios sexenios en los que los agravios a la población se cometen sin importar a las autoridades. El gobierno de Gabino Cué se caracterizó por eso, por indolente e incapaz de prevenir o en su caso, atender los conflictos. Ahora por inconformidades, porque este o aquel ciudadano es rechazado por sus comunidades. Problemas que pueden solucionarse si hay respuestas oportunas, se dejan crecer. Otros, más graves, como el que por varios años han sostenido las comunidades de Santa María y San Dionisio del Mar, se abandonan y se recuperan hasta que ocurren tragedias. En este caso, por un bloqueo que ha durado varios años, la gente utiliza el mar como vía alterna y en esta acción, al zozobrar una lancha, murieron ahogadas tres personas.

Los bloqueos no son amenazas. Son realidades que se soslayan con la idea de que el tiempo y el cansancio los levantan, los disuelven. Mientras, que se jodan los viajeros, los usuarios de los caminos.

Opinión de Mario Blanhir González

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