Demente es nombre del tobogán acuático más alto del mundo, según el Libro Guinness de los Récords. Mide 51 metros, el equivalente a un edificio de 15 plantas, y aunque se ubica en Kansas City, el parque que lo acoge tiene nombre alemán: Schlitterbahn (tobogán, precisamente). Para alcanzar la cima de este gigante que promete emociones indescriptibles hay que subir 264 escalones.

Caleb Thomas Schwab, un niño de 10 años, lo hizo el pasado domingo. Una vez llegó arriba, se subió junto a dos mujeres desconocidas en una de las balsas con tres asientos que se deslizan a toda velocidad sobre el tobogán hasta llegar a la piscina. Pero, por circunstancias que aún investiga la policía de Kansas, Caleb recibió un impacto en el cuello en algún momento del trayecto y murió. Sus dos acompañantes solo sufrieron pequeñas heridas en la cara.

Como condición para subirse a la atracción, el parque recoge en su web que el peso sumado de los dos o tres usuarios de cada balsa debía superar los 180 kilos. También, que nadie que midiera menos de 1,37 metros debía subirse. Nada se decía del límite de edad.

El caso de Caleb Thomas, como el de tantos otros fallecidos en instalaciones lúdicas, terminará perdiéndose en las hemerotecas: no existe ningún recuento oficial de víctimas. A falta de estadísticas de la Administración que los recopilen, es la mayor organización mundial de los parques de atracciones, la IAAPA, quien ofrece cifras agregadas. En 2013, el último año con datos cerrados, contabilizó 458 hospitalizaciones de al menos un día derivadas de accidentes en parques de atracciones en los países europeos. El recuento no distingue entre sucesos imputables a problemas de la atracción o a la imprudencia humana y no contabiliza los ocurridos en atracciones temporales, como las que se instalan en las ferias de pueblos y ciudades con motivo de las fiestas patronales.

Según datos de la organización de parques, en 2013 183 millones de personas acudieron a parques de atracciones en Europa y acumularon 1.100 millones de viajes en alguna de sus atracciones.

Escasez de datos

Una web gestionada por un ciudadano particular, Safeparks.org, recogió durante años incidentes publicados por los medios de comunicación. Hoy, la página aparece desactivada.

Tampoco abundan los datos recogidos por médicos e investigadores. Una excepción, publicada en 2013, es un estudio científico liderado por pediatras especialistas en accidentes infantiles, que contabilizó 93.000 casos de menores heridos en atracciones de feria desde 1990 a 2010, solo en Estados Unidos. La investigación, publicada en la revista Clinical Pediatrics, analizaba los informes de los servicios de emergencia y fijó que, de media, los hospitales atendían a 20 niños al día.

La edad media de los menores estadounidenses heridos rondaba los nueve años. Uno de cada tres niños presentaba lesiones en la cabeza y cuello, y el tipo de accidente más habitual (31%) que habían sufrido implicaba una caída del vehículo. Eso sí, la inmensa mayoría de heridas tratadas no revestían gravedad: solo 15 de cada 1.000 niños atendidos estuvieron ingresados al menos un día en el hospital.

En Estados Unidos hay más de 400 parques de atracciones e instalaciones similares, que agrupan a 30.000 atracciones. En 2011, según los últimos datos disponibles de la IAAPA, generaron un impacto económico de 219.000 millones de dólares (197.000 millones de euros). En Europa, son unas 300 las instalaciones, que produjeron en 2013 un impacto de 55.400 millones de dólares (50.000 millones de euros).

Con información de: El País

 

 

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