MANAGUA.

En el video granuloso y grabado el sábado por la noche, el periodista Ángel Gahona, vistiendo vaqueros y una camiseta azul, sostiene un teléfono celular y habla mientras se acerca a la fachada del ayuntamiento en Bluefields, Nicaragua, reportando en vivo vía Facebook sobre las protestas que han sacudido el país centroamericano por cuatro días.

Segundos después se escucha un disparo y Gahona se desploma sin vida al suelo.

Se oye que gritan su nombre y alguien presiona un trozo de tela contra su cabeza en un intento por detener el flujo de sangre.

Otra reportera de Bluefields, Ileana Lacayo, confirmó que Gahona murió antes de llegar al hospital.

No estaba claro quién disparó.

El diario local La Prensa citó a otro periodista diciendo que sólo la policía y los antimotines estaban armados.

Por su parte, el Gobierno de Nicaragua confirmó el asesinato de Gahona de un tiro en la cabeza mientras cubría una protesta el sábado en la ciudad de Bluefields, informó este domingo el portal oficial El 19.

Aunque la policía no ha identificado al autor del asesinato, El 19 atribuyó el crimen a “grupos vandálicos de la derecha”.

Según la versión oficial, Gahona era el corresponsal del estatal Canal 6 en Bluefields, aunque colegas afirman que trabajaba como freelance para televisoras privadas.

Además del periodista, al menos otras 25 personas han muerto desde el miércoles en los disturbios por las reformas al Seguro Social planeadas por el gobierno del presidente Daniel Ortega, de acuerdo con un grupo en defensa de los derechos humanos.

Decenas de personas más han resultado lesionadas o han sido arrestadas.

REPRESIÓN Y OFERTA DE DIÁLOGO

En su primera aparición pública desde que las protestas iniciaron, Ortega dijo el sábado que su gobierno está dispuesto a dialogar sobre la disputa.

En un mensaje a la nación televisado, el mandatario se declaró abierto a negociar a fin de que “no haya más terror para las familias nicaragüenses”.

Sin embargo, aclaró que el diálogo sólo sería con el sector empresarial y no con otros sectores de la sociedad. También parecía tratar de justificar lo que ha sido una severa respuesta del gobierno y grupos aliados, al acusar a los manifestantes, en su mayoría jóvenes estudiantes universitarios, de ser manipulados por intereses políticos de “unas minorías” no especificadas y por estar infiltrados por pandilleros.

“Esto que está aconteciendo en nuestro país, no tiene nombre. Los muchachos que ni siquiera saben el partido que los están manipulando”, sostuvo Ortega.

“Incorporan a pandilleros a las protestas de los muchachos y criminalizan las protestas; por eso los ponen en riesgo”, agregó.

Tales declaraciones parecieron atizar el fuego, al provocar que miles de personas salieran nuevamente a las calles en siete ciudades, entre ellas la capital Managua, después que las tensiones se habían aliviado un poco la noche del viernes.

La Conferencia Episcopal de Nicaragua condenó la represión contra los manifestantes y exhortó al gobierno a escucharlos y a derogar las reformas al Seguro Social.

“Una decisión unilateral siempre trae consigo la inestabilidad social. Rectificar las decisiones tomadas es signo de humanidad, escuchar es camino de sensatez, buscar a toda costa la paz es sabiduría”, indicó la conferencia en el comunicado.

Las reformas, promulgadas por Ortega por decreto, aumentan los impuestos al ingreso y los salarios, y realiza cambios para las pensiones mientras trata de hacer frente a los problemas del sistema de seguridad social de Nicaragua.

Con información de Excélsior

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