La ciudad de Oaxaca aún dormía el domingo de Pascua cuando una parte del emblemático árbol  “Higo del valle”, sembrado por José María Morelos y Pavón en 1812  —según historiadores—, cayó sobre dos autos estacionados a un costado del parque El Llano. Se trata de la segunda vez que ocurre algo semejante en menos de un año.

El deterioro y la caída de árboles “notables” en Oaxaca se ha convertido en algo cada vez más común, producto de la indiferencia de autoridades para preservar el arbolado del estado, acusan ambientalistas. El resultado es que estos árboles que han sido testigos de la historia de la entidad ahora agonizan, víctimas de plagas que se extienden y los matan poco a poco.

Para Jorge Luis Cruz Alvarado, arborista y presidente de la asociación civil Oaxaca fértil, el asunto se resume en negligencia. Explica que a pesar de que organizaciones han presentado a los gobiernos municipal y estatal dictámenes y planes de conservación del arbolado de la capital, estos no han sido aplicados.

“Es un tema de negligencia de las autoridades, el único comentario de las autoridades es que no hay recursos, pero sí hay, es negligencia de ellos”, denuncia.

Cruz Alvarado señala que  desde 2010 las autoridades conocían la situación del árbol que se desgajó en El Llano, pues  él mismo presentó un análisis del estado del “Higo del valle del generalísimo José María Morelos y Pavón”, donde informaba de la existencia de una plaga en el árbol. Aunque el ejemplar fue intervenido, asegura que el  tratamiento fitosanitario  fue inadecuado, lo que contribuyó a su deterioro.

Para el especialista es urgente  implementar acciones de cuidado de estos árboles, por su importancia ambiental, histórica y cultural de Oaxaca, debido a que en la capital cada vez  hay más ejemplares víctimas de plagas, así como de  obras públicas y privadas. Sólo de 2005 a la fecha,  estima el arborista, unos 10 ejemplares de laurel se han perdido del zócalo y  la Alameda de León.

Esto significa, detalla, que por cada árbol derribado, no sólo se pierde el oxígeno y la sombra que proporciona, sino que  además especies animales como  aves, mamíferos e insectos se quedan sin su hábitat.

Testigos del pasado

Los registros históricos aseguran que el Higo de Morelos, el  árbol que se fragmentó el domingo de Pascua  fue sembrado en 1812,  cuando José María Morelos y   Guadalupe Victoria, el primer presidene de México,  plantaron árboles en esta ciudad durante un acto religioso, en honor a la virgen de Guadalupe.

Como este árbol  existen otros 40 ejemplares históricos, pero  sólo 22 han sido reconocidos como notables por el gobierno de Oaxaca. Entre ellos también destaca una ceiba ancestral en San Bartolo Coyotepec, ejemplar de cuyas  tres principales ramas dos colapsaron   en 2015.

De esos 22 ejemplares notables de Oaxaca, considerados así en 1993 y 2009, el más antiguo es el Árbol del Tule,   un ahuehuete con más de 2 mil años de edad, 650 toneladas de peso y 43 metros de altura, características que lo han convertido en atractivo turístico en la entidad.

El segundo más añejo está ubicado en la ciudad de Oaxaca; se trata de otro ahuehuete plantado hace más de 600 años en la antigua estación del ferrocarril.

Los otros árboles   legendarios se encuentran en  municipios como  Santa María El Tule, San Sebastián Tutla, San Pablo Güilá, San Juan Teitipac, Tlacolula de Matamoros, San Francisco Lachigoló, Santa Ana del Río, San Bartolo Coyotepec y  San Isidro Zautla.  En la capital, además de los que hay en el parque El Llano existen ejemplares en  el barrio de Jalatlaco, y la  calzada de la República; la mayoría de ellos son  ahuehuetes, ceibas, higos y laureles.

Lo que ponen en riesgo la vida de estos árboles, explican los ambientalistas, es la falta de adecuados tratamientos y cuidados, pues para la  conservación de estos  ejemplares, y  del resto del arbolado, es necesario implementar  medidas de cuidado y atención de plagas con personal especializado; así como contemplar su protección  en los proyectos de desarrollo y construcción para no destruirlos, señala el arborista Jorge Luis Cruz Alvarado.

El arte que nace de los troncos que mueren

¿El planeta qué culpa tiene?, ¿Y los árboles?”, cuestiona el pintor Francisco Verástegui ante el daño que los humanos causan a la naturaleza, inquietud que lo llevó a  impulsar la  preservación del patrimonio vivo  en Oaxaca.

Su lucha inició en abril de 2005, cuando un emblemático laurel del zócalo de la capital colapsó, pues  durante un programa de embellecimiento al Centro Histórico fueron dañadas sus raíces. Fue entonces cuando él y otros ciudadanos  empezaron  un movimiento por la defensa de los árboles.

Al caer el laurel se organizaron y rescataron una parte del árbol y se decidió  preservarla mediante el arte para así   no desecharla como basura. Desde entonces, varios artistas se han sumado a la iniciativa   y se han dedicado a transformar la madera extraída de la poda de árboles notables en esculturas y grabados.

Durante 13 años artistas como Francisco Toledo, Guillermo Olguín, Moisés Nava  y el propio Verástegui han reutilizado  la madera en piezas artísticas que se  venden para así  recaudar fondos que costeen los  programas de conservación que han impulsado.  En 2013 los creadores  tuvieron su primera exposición colectiva en la capital  y  actualmente exponen en la zona arqueológica de Monte Albán.

“Es un acto maravilloso,  hermosísimo, ver como algo que podía considerarse basura se convierte en arte, en algo que transmite una sensación positiva, de conservación, es una acción de reducir, reutilizar y reciclar”, dice  Verástegui, quien desde niño  ama a los árboles, pues se dedicaba a plantarlos con su familia.

A la fecha, han creado piezas con la madera extraída de las podas de tres árboles notables: el laurel que cayó en 2005 en el zócalo,  El Tule,  y otro ahuhuete  sembrado en la antigua estación de ferrocarril. De esos ejemplares aún conservan madera para crear más piezas.

 

Con información de: El Universal

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