Casarse puede ser una experiencia de altura. Literalmente, de mucha altura. A más de 170 metros sobre el nivel de la calle, en el mirador del edificio icónico del Centro Histórico de la Ciudad de México, la Torre Latinoamericana se puede ‘contraer’ matrimonio.

Andrea y Andrés van en serio, piensan casarse a futuro y queda claro que la dinámica en la Torre Latinoamericana les dio un motivo para decirse cuánto se quieren.

La joven pareja, lo toma como lo que es. Una boda informal, sin juez, sin sacerdote, y sólo por el gusto de pasar un buen rato.

“Es una experiencia emocionante, compartir tanto camino, tanto tiempo, tantas experiencias y todo lo que nos queda por vivir”, dice Andrea, esforzándose por escucharse seria. Pero no puede. Rompe en risas.

Andrés tampoco resiste mucho tomándose en serio: “Mucho futuro por vivir, Una pareja increíble”, dice para reventar en risas.

Ambos se declararon amor, pero también que ella le preparará el desayuno todos los días de su vida y le tendrá el refrigerador bien surtido de cervezas.

Él prometió que le será fiel tanto como le sea posible, pero no le asegura nada.

Y es que de eso se trata esta dinámica en La Latino. De hacer algo distinto. Y aquí en el piso 37 de la Torre, está todo para que quienes buscan ese momento poco solemne lo pasen bien: anillos, velo, ramos de flores, sombrero de copa, una parodia de ceremonia, y la ciudad a sus pies.

El año pasado, arribaron a la Torre más de mil parejas que renovaron sus votos y luego salieron a ver la ciudad. La hora preferida es el atardecer y la noche, para tener las luces de la urbe como escenografía.

Andrés y Andrea, sin embargo, sólo tenían este rato libre para este simulacro de boda.

“Esto ya es casi el hecho, la verdad es que sí quiero casarme con ella de verdad, pero vamos empezando de a poco. Bien planeado”, señaló Andrés.

“¡No me escapé!”, aseguró Andrea a su familia.

Más solemnes, pero igual de ilusionados, Aylín y Yael también “contrajeron” matrimonio, se dijeron los votos, se pusieron los anillos, y se pusieron tan nerviosos como si de una boda real se tratara.

“No es algo común y lo hace más especial, tal vez”, señaló Aylín, quien visitaba por primera vez la Torre Latino.

“En estos tiempos ya es poco común que pase (declarar el amor a alguien). Ya no hay romanticismo”, afirmó Yael.

 

Con información de Excélsior

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