De dar risa los independientes

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La primera conclusión que podemos sacar de las cifras dadas a conocer por el INE, de las firmas obtenidas durante la primera semana por cada uno de los cuatro o cinco aspirantes a los que veía con mayores probabilidades de llegar a ser candidatos independientes a la Presidencia de la República, es que aquel número, muy posiblemente, se vea reducido a uno o dos.

Además, debe decirse, esto último se lograría —únicamente—, si el PRI decidiere apoyar a esos dos candidatos con la participación de sus militantes, al movilizarlos para entregarles la firma con miras, obviamente, a que al cumplir aquel requisito y aparecer en la boleta electoral atraerían para sí, alrededor del 14.0% de los votos válidos emitidos el 1 de julio del año próximo.

Si el porcentaje de la votación fuere del orden del 55%, este porcentaje se traduciría en una afluencia de 48 a 50 millones de electores acudiendo a expresar su voluntad mediante el voto. Y el 14.0 % se traduciría, probablemente, en 6.7 a 7 millones de votos para dichos aspirantes o, más correctamente dicho, para Margarita Zavala y Jaime Rodríguez.

En caso de que el PRI se abstuviere de hacer lo arriba señalado, ¡qué ridículo harían los aspirantes, que ya se veían como candidatos! ¿Imagina a la misma MZ, sin poder reunir las casi 900 mil firmas? Ella, que juraba y perjuraba ser la única capaz de derrotar a López, ni siquiera habría sido capaz de reunir 867 mil firmas, de igual número de ciudadanos. ¡Qué oso, güey!

¿Y qué decir de Ferriz, Rodríguez y Ríos? Simplemente que habrían encontrado su realidad; que el Principio de Piter los habría alcanzado, pues al no obtener el número mínimo de firmas requerido, habrían llegado a su nivel de incompetencia.

¿Qué pasará con ese país que Ferriz salvaría, no sé con cuántos miles y miles de jóvenes? ¿Y Ríos, El Jaguar? ¿Qué haría, una vez que la realidad le demostrare su verdadera dimensión? Seguir cobrando en el Senado de la República. ¿Y qué decir de Rodríguez? Perdón, ¿quién es Rodríguez?

La experiencia que lográremos acumular en estos 120 días debería servirnos, obligadamente, para echar a la basura esa baratija de las candidaturas sin partido —o independientes—, en lo que se refiere a gobernador o Presidente de la República, y quedarnos únicamente con las de presidentes municipales.

Como sabemos, los candidatos a este último puesto llegan acompañados de su Cabildo. Dicho de otra manera, de ganar, no llegan solos como es el caso del gobernador de un estado o del Presidente de la República. Llegar a cualquiera de estos dos puestos sin tener el apoyo de una buena bancada en el Legislativo, es la locura, y un peligro para la gobernación.

Como expuse arriba, el lado perverso de este tipo de candidaturas haría que un partido con recursos, tanto humanos y materiales como monetarios, movilizare a sus militantes para que uno o dos de los aspirantes obtuvieren las firmas requeridas.

¿Qué ganaría este partido apoyador de dos o tres aspirantes que gozan de cierta popularidad, y de buenos niveles de conocimiento por parte de los electores, de lograr los apoyados la candidatura independiente? Veamos el caso actual.

Imagine al PRI en apoyo de Zavala y Rodríguez para que ambos fueren candidatos. Sume ahora el porcentaje de cada uno que estimáremos obtendrían (8 y 6 respectivamente) y, si fueren 50 millones los votos emitidos, le quitaríamos a los otros candidatos (López y Anaya) 7 millones de votos. Dicho de otra manera, en vez de tratar de obtener 16 o 18 millones de votos de 50 emitidos (El 32 o el 36%), tendrían que obtenerlos de un universo menor, de 43 millones en vez de 50.

Ahora bien, esos 16 o 18 millones de votos representarían, de los 43 millones, el 37 o el 42%, situación casi imposible y en consecuencia, el ganador sería el PRI.

Opinión de Ángel Verdugo

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