Imparten talleres para aliviar estrés de los niños tras los sismos

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“¡Vamos a bailar, a sacudirnos el miedo!”, dice una chica en la salita colorida. Alrededor de ella, formando un círculo, hay mamás y niños de varias edades moviendo el cuerpo o lanzando puños al aire mientras que de fondo se oye una canción de Mariana Mallol.

“¡Ahora imaginen que son agua!”, dice de nueva cuenta y la salita se convierte en un río. Un bebé de meses ya cayó rendido en brazos de su mamá pero ella sigue bailando dándole un arrullo de seguridad. Seguridad, eso es lo que buscan en esa pequeña burbuja que se ha formado en el Teatro La Capilla.

En otros puntos de la ciudad, mientras tanto, continúa el arduo trabajo de rescatistas experimentados y de gente común que levanta por igual el concreto de los edificios caídos en busca de una señal de vida luego del sismo que sacudió la ciudad el martes pasado.

Esta labor no requiere casco pero también es importante, es la de sanar el alma de los niños que también se espantaron y se preocuparon recurriendo a la danzaterapia, música y cuentos.

La iniciativa de crear una ludoteca en el Teatro la Capilla nació del compositor de música infantil Yurief Nieves, Luz Elena Aranda, la coreógrafa Itzia Nieves y la cantante de jazz Sandra Cuevas. Se dieron cuenta –platica Yurief– de la cantidad de niños que seguía en casa escuchando muchas noticias preocupantes y abrieron una convocatoria a la que rápidamente se unieron vía facebook cantantes, cuenta cuentos y psicólogos que querían venir a alegrar a los niños, y no solo alegrar, también externar lo vivido.

Por ejemplo, una de las actividades consiste en la lectura del cuento “Cuando la Tierra se movió” (escrito por las psicólogas Josefina Martínez, Elena Sepúlveda y Rossana Culaciati). La historia nació después del terremoto de 2010 en Chile como una forma de externar las emociones sobre este fenómeno entre padres e hijos. La respuesta de los niños ha sido muy positiva.

Uno de los pequeños, por ejemplo, platicó que este 19 de septiembre estaban celebrando el cumpleaños de un compañero del salón y todos olvidaron que había simulacro. Cuando sonó la alerta salieron corriendo espantados y tiraron el pastel. No se imaginaban que más tarde venía el temblor de 7.1 grados que acabaría con casi cincuenta edificios en la ciudad de México.

“Hicimos un ejercicio de reconstruir la la ciudad con plastilina y cada uno hizo lo que era importante para ellos. Entre las figuras había un pastel”. Comparte Yurief.

De ahí la importancia de estas actividades, pues gracias a ellas los niños entienden que viven en un lugar con constante actividad sísmica y que deben estar listos. “Hay que reconstruir la ciudad emocionalmente y arquitectónicamente”, agrega.

Itzia Nieves ha estado más en la parte de logística de la ludoteca pero también es madre y asegura que este tipo de actividades son muy positivas para los niños. Su hijo, por ejemplo, sufrió mucho porque vio en las noticias que había una niña llamada Frida atrapada entre los escombros.

“Mi hijo estuvo dos días preguntándome si ya habían sacado a la niña que nunca existió. La primera noche me dijo que estaba nervioso y que lo asustaba mucho que hubiera una niña, hasta lloró”, señala.

Mientras los niños juegan, algunas mamás hablan de su experiencia en el temblor y de los albergues a los que han ido. Se escucha entre las conversaciones a alguien que dice sentir desolación por todo lo que pasa. Otros recuerdan el terremoto del 85.

Junto al Teatro la Capilla, en el Teatro Bar El Vicio se habilitó un centro de acopio al que constantemente llegan víveres. Una opción, platica Yurief, es que quienes acudan a donar pasen con sus hijos a la ludoteca un rato, pues el lugar es completamente gratuito y constantemente se realizan actividades para los niños. Ro Velázquez de los Liquits, Lino Nava de La Lupita y muchos más se han sumado a esta causa. Como la pareja de músicos que llegó cerca de las seis de la tarde y puso a bailar a los niños con una jarana y quijada haciendo sonar “La Bamba”.

Las actividades continuarán este sábado y domingo de once a ocho de la noche.

Con información de El Universal

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