Hoy, en su día, los taxistas afirman que tienen poco que festejar porque los beneficios de este arduo trabajo sólo los obtienen los patrones y los concesionarios, sin embargo, ellos, frente al volante, se esfuerzan todos los días para poder ganarse el sustento de sus familias; además, reconocen que son utilizados como “carne de cañón” en los pleitos entre sindicatos.

Este sábado 12 de agosto se celebra el Día del Taxista, pero los trabajadores del volante de Salina Cruz prefieren trabajar que ir a festejar porque enfrentan una situación económica difícil debido a la entrada en circulación de casi 100 taxis pirata, pintados de amarillo, y a la disminución de pasajeros porque la gente está guardando dinero para el regreso a clases.

Una vez más, los choferes denuncian la corrupción que desde hace décadas afecta a este sector a causa de los “negocios” que los líderes transportistas realizan con funcionarios de la Secretaría de Vialidad y Transporte (Sevitra), entre ellos la venta de concesiones, las cuales son entregadas al mejor postor.

En Salina Cruz las concesiones están en manos de doctores, licenciados, políticos y hasta notarios públicos, porque los choferes no pueden pagar el precio que cobran los líderes para hacerse de una: la más barata cuesta más de 200 mil pesos.

“No tenemos dinero para pagar 250 mil pesos, dinero que piden los secretarios de las confederaciones y sindicatos. Es un dinero que no podemos juntar, además de los 250 tenemos que presentar un auto, lo que implica que para obtener una concesión debemos tener en la bolsa mínimo 400 mil pesos”, dice desilusionado un chofer de este puerto. 

Carne de cañón
En los últimos tres años, en Salina Cruz se registraron varios episodios sangrientos: taxistas se enfrentaron con sus compañeros de gremio, pero de distintos sindicatos.

Entre los taxistas imperó por varios años la ley del garrote, por así convenir a los intereses de los líderes de los 13 sitios que existen en el puerto, “para conservar la chamba teníamos que ir a enfrentarnos con nuestros compañeros por un pleito que no era nuestro, pero los líderes y los patrones nos obligaban”, confiesa uno de ellos. 

En ese entonces, los choferes protagonizaron los peores episodios de violencia que se registraron en Salina Cruz, por lo que se ganaron el repudio de la población, sin embargo, los patrones los mandaban al “matadero”, por una lucha de poderes, una disputa que no era de ellos.

Los taxistas no cuentan con algún tipo de prestación laboral, servicio médico, ni vacaciones, además no reciben aguinaldo y tampoco se les reconoce su derecho a recibir una concesión por antigüedad.

Para el actual titular de Sevitra, Francisco García, la figura de chofer de taxi no existe, porque las unidades son para que las manejen los concesionarios, así lo dijo durante la puesta en marcha de la unificación de color de los taxis en Salina Cruz.

Durante ese evento, Francisco García informó que el padrón es de 634 unidades, sin embargo, en el puerto circulan taxis amarillos (oficiales) con número que rebasan el 700, lo que evidencia la corrupción de las autoridades de Sevitra y de la Policía Vial, quienes permiten y consienten la circulación de vehículos que no cuentan con los permisos, es decir, no están regulados por la ley.

Víctimas de sus patrones 
Pidiendo el anonimato por temor a las represalias, los taxistas denunciaron que los líderes sindicales se han dedicado a saturar de taxis la ciudad, ya que se ha convertido en un negocio que les deja grandes ganancias.

“Los que nos ching… somos nosotros quienes tenemos que pasar las de Caín para lograr juntar el dinero de la cuenta, gasolina y nuestra ganancia porque nuestra familia tiene que comer”, comentó un taxista, quien dio a conocer que por turno debe entregar 250 pesos libres, además de llenar el tanque de gasolina. 

Finalmente, los taxistas se pronunciaron a favor de que se realicen operativos para detener a las unidades que circulan de forma irregular, las cuales ellos mismos han detectado, sin embargo, los agentes de Tránsito no actúan como lo marca la ley. 

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