En la Universidad de Papaloapan, un grupo de científicos mexicanos creó el Polymeric Ash System (PAS), un material hecho con ceniza de caña de azúcar y desechos de papel, que al ser procesado se vuelve más resistente que el concreto e impide la entrada de agua.

Es producto del equipo multidisciplinario formado por Martha Poisot y Axel Villavicencio, de la Universidad del Papaloapan; y los investigadores Patricia Ponce y Tezozómoc Pérez, de Durango y Campeche. Por esta innovación, los científicos ganaron un concurso de ingeniería en Londres, Inglaterra, el año pasado.

Construir con ceniza
El PAS (Polymeric Ash System) es un material ligero, térmico y resistente que aprovecha materiales de desecho de la industria azucarera y papelera de Tuxtepec.

De acuerdo con la doctora en química Martha Poisot, el PAS ofrece una alternativa a los desechos industriales, “están generando gases de efecto invernadero, es una contaminación muy grande, ¿cómo darle un valor agregado a esos desechos?”.

Por medio de una reacción química, los lodos de papel se combinan con la ceniza de la caña. “La conseguimos por medio de una donación del Ingenio Adolfo López Mateos. Ahí llega la caña y la exprimen para sacar el jugo. Pero el bagazo se quema en las tuberías y genera ceniza. Cuando se dispersa en el aire, afecta las vías respiratorias”.

Una vez que la mezcla está lista, la comprimen hasta formar bloques. “Podemos empaquetar desde un tabique hasta algo muy eficiente, como una vivienda que venga desarmada y tú, cómodamente, con ayuda de tus vecinos o familia, la puedes construir en aproximadamente una semana”, explica Axel Villavicencio, doctor en Arquitectura y quien se encarga del diseño de los bloques.

Una casa construida con PAS será térmica y no permitirá que la humedad se filtre al interior. “Durante las pruebas vimos que no se le pegan los hongos y no guarda humedad, sobre todo en esta temporada de lluvias, cuando los edificios se humedecen”, detalla Axel.

Con este proyecto concursaron en el Newton Fund Video Competition, organizado por la Royal Academy of Engineering de Londres. El equipo envió un video donde explicaban cómo funciona el PAS y cómo su uso mejoraría la vida de las personas que soportan temperaturas de 50 grados centígrados durante el verano en la Cuenca del Papaloapan.

“Un día, Poisot me dijo qué ganamos. ¿Ganamos? ¿Pero, no era una competencia internacional?, dije. Creo que a veces como mexicanos pensamos que no podemos pero en realidad sí se puede. Fue una sorpresa porque a nivel internacional México se está dando a conocer por investigaciones avanzadas, no sólo hay investigación en países mal llamados de primer mundo”, recuerda Axel.

“(Los jueces) tomaron en cuenta que fuera un proyecto de ingeniería para beneficio de la sociedad. No quiero que sigamos construyendo de la misma manera”, comentan los científicos sobre el premio.

“El premio consistió en la invitación al Congreso Anual de Academias de Ingeniería de todo el mundo, en septiembre de 2016. Por otro lado, la bolsa del premio se debe usar para dar continuidad al proyecto en cuanto a las certificaciones que debe cumplir”, comenta Martha.

Ayudar al ambiente
Cuando Axel estaba estudiando la carrera de arquitectura en la UNAM, desarrolló un proyecto para obtener energía eléctrica aprovechando el movimiento del agua. “¿Qué es eso de sacar energía de medios mecánicos? Usted estudió arquitectura, haga casitas”, le dijeron.

Un profesor le dijo que eso se llama “arquitectura sustentable”, fue el primero que creyó en él. “Eran los años 90 y casi no se escuchaba ese concepto”.

Cuando Axel concluyó su doctorado hace seis años, se mudó a Oaxaca y conoció a la doctora en química Martha Poisot, quien trabajaba los primeros prototipos del PAS.

Martha le pidió diseñar los modelos de vivienda que se construirán y después, se pusieron en contacto con la doctora Patricia Ponce y con el doctor Tezozómoc Pérez para que hicieran las pruebas finales al material.

“Nos han apoyado con las pruebas de resistencia mecánica y corrosión”.

Edificios enfermos
Irritación en los ojos, nariz y garganta, problemas para respirar, ronquera, fatiga mental e incluso vómitos y mareos, son síntomas que los habitantes de tres de cada 10 construcciones modernas han padecido, según un informe de la Organización Mundial de la Salud.

Las construcciones con este síndrome no permiten la circulación del aire, no cuentan con ventanas que se puedan abrir y tienen muy altos o muy bajos niveles de humedad, señala el informe.

Por ello, recomiendan el uso de materiales de construcción que impidan el desarrollo del Síndrome del Edificio Enfermo. Como dice Axel, “se necesitan materiales inteligentes que te permitan desarrollar tu trabajo cómodamente”.

Incluso algo tan común, como tener ventanas, aumenta el bienestar de quienes habitan una casa, pues se ha demostrado que la sensación de control de lo que ocurre en el exterior da una sensación de seguridad, según el artículo Algunos factores físicos y psicológicos relacionados con la habitabilidad interna de la vivienda, de Maritza Landázuri y Serafín Mercado, investigadores en psicología, de la UNAM.

“Las personas tienen derecho a una vivienda digna que puedan llamar hogar y no casa. Pero ahora no se les está dando, ni en precio ni en metros cuadrados de construcción”, explican los investigadores.

Vivir en un hogar
En México, donde se construyen casas cada vez más pequeñas, los precios de los materiales de construcción se han triplicado en 17 años, sobre todo en 2009, como consecuencia de la Gran Recesión. 2017 es el año con los precios más altos en esta industria, de acuerdo con el Centro de Estudios Económicos del Sector de la Construcción.
El país tendrá que comprar cemento de China y Estados Unidos, dos de los principales productores a nivel mundial, porque el cemento mexicano es más caro desde junio de este año, según estadísticas del portal estadístico Statista GmbH.

Los científicos opinan que la calidad de la vivienda no debería sacrificarse por un beneficio económico. Aunque los precios de los materiales dependen de situaciones internacionales, ellos prefieren buscar alternativas que no dependan del exterior.

Explican que las pruebas de calidad del PAS han dado buenos resultados: “Queremos sacar este material a la voz de ya, pero tiene que pasar todas las pruebas. También queremos que las viviendas mexicanas sean confortables, cómodas y estéticamente agradables. Hemos tenido apoyo del Conacyt, de nuestra universidad e incluso de otras universidades”.

Sin embargo, para llevarlo al mercado necesitan que el PAS supere todas las pruebas de calidad y resistencia para la vivienda mexicana. “Debemos pasar a la fase de la planta piloto para poder calcular a ciencia cierta el precio del PAS”, comenta Martha. Ella calcula que en tres años el PAS estará disponible a todo público.

Con información de El Universal 

Martha Poisot y Axel Villavicencio, investigadores a cargo del proyecto.
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