La noticia fue un chutazo. Impactante. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó en la lista de testaferros del narco, del grupo de El Tío, al futbolista Rafa Márquez y al cantante Julión Álvarez.

Sus nombres, en cuestión de minutos, se volvieron tendencia. Hicieron el uno-dos.

A pesar de que en Los Pinos se apresuraron a borrar la fotografía de Julión con Enrique Peña y Manuel Velasco, causó revuelo. Lo mismo sucedió con el video donde el Ejecutivo federal manifestó que Álvarez es ejemplo para la juventud.

Carlos Bravo, un buen académico y analista, escribió que irse contra Peña por ese comentario era tan excesivo como irse contra el Barça por contratar a Márquez.

De acuerdo.

Pero lo que el mandatario exhibió va más allá de un comentario halagüeño o una estampa reciente con Julión en el Cañón del Sumidero.

Expuso la ignorancia o la indiferencia de quien dirige un país azotado por el crimen organizado.

Ignorancia si es que EPN no sabía de las indagatorias que realiza Estados Unidos desde hace más de cuatro años (funcionarios estadounidenses indicaron que la PGR y la Secretaría de Hacienda estaban enteradas). O indiferencia si es que tenía conocimiento de ello.

Inaceptable cualquiera de las dos circunstancias. Como inaceptables son las consecuencias.

¿Por qué tenemos que enterarnos de los presuntos vínculos del jugador del Atlas con Raúl Flores Hernández, El Tío, por investigaciones hechas en EU y no en México?

¿Por qué Flores pudo servir a los cárteles a sus anchas durante 50 años? ¿Por qué, cuando lo detuvieron en 2013 , salió de prisión?

¿Por qué está llegando la justicia, como en el caso del fiscal de Nayarit, vía otras naciones?

Si de plano sólo se puede confiar en la acción e información del extranjero, ¿se debe solicitar de manera formal ayuda internacional?

Mientras México no cuente con fiscales independientes y organismos autónomos, la lucha contra la corrupción seguirá siendo un mito.

El combate a las redes del crimen organizado, extendidas por todos lados y hasta las más altas esferas, seguirá siendo un simulacro.

Y el Presidente seguirá borrando sus fotos del recuerdo con prófugos, denunciados o detenidos.

RAZONES Y PASIONES: Qué imagen.

Es muy fuerte ver a alguien de la talla de Rafael Márquez junto a individuos señalados de servir al narcotráfico.

En la lista difundida por las autoridades estadounidenses, en la parte superior figura como cabeza Raúl Flores Hernández. Debajo, cual árbol genealógico, aparecen 21 personas. En la cuarta línea, Rafa.

En un instante, Márquez pasó de ser el querido capitán, el futbolista mexicano con más títulos internacionales, a presunto prestanombre de un tipo perseguido por sus ligas con el Cártel Jalisco Nueva Generación, el de Sinaloa y los Beltrán Leyva.

Aún no hay persecución penal, pero el balón podría caer en la cancha del Departamento de Justicia de Estados Unidos y de la PGR. Rafa tendrá que atajar las acusaciones. Enfrentar el “partido más difícil”, como bien lo comentó.

Elisa Alanís Zurutuza

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