Acto de chantaje

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En la mañana del martes pasado, en el Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca, se observaron los preparativos de un acto masivo organizado por la Unión Campesina Democrática (UCD) Alternativa Democrática Nacional (ADN) , ambas organizaciones del Partido de la Revolución Democrática (PRD). En la Alameda de León se colocaron decenas de paquetes de agua embotellada, un templete y equipo de sonido. En las banquetas del lado norte de la Catedral fueron instaladas letrinas portátiles.

Pronto se supo qué habría en la explanada. La concentración de miles de personas acarreadas desde diversas comunidades de la entidad. Descendieron de los autobuses portando banderas con el escudo del partido político. Se acomodaron para escuchar las intervenciones de los dirigentes de los grupos, que en lo esencial descalificaron las primeras acciones del gobierno de Alejandro Murat Hinojosa. Lo que ya habían hecho los legisladores locales en desplegados en los medios escritos. Abordaron los temas que consideraron importantes: educación, seguridad pùblica, salud, cultura, economía, los conflictos políticos y sociales y subrayaron que a cien días de haber tomado posesión, no se cuente con el Plan Estatal de Desarrollo del sexenio.

Los oradores coincidieron en las críticas. Afirmaron que no habrá el “milagro oaxaqueño” prometido en campaña por el ahora gobernador. Consideraron que el titular del Poder Ejecutivo del estado ignora al Congreso, no lo escucha. No dejaron de afirmar que han descubierto que en la ciudadanía existe desencanto por la falta de resultados y de acciones que respondan a las necesidades y demandas de las comunidades, de ahí que recurran a las movilizaciones para hacerse escuchar y arrancar compromisos que quizá no se cumplan. Destacaron los conflictos poselectorales que no han sido pocos en los municipios que se rigen por el sistema de usos y costumbres. En fin, descargaron sus fobias e inconformidades y se declararon listos para dar la batalla desde la posición de representantes populares.

Las largas intervenciones terminaron por cansar y enfadar a los asistentes, a las personas que habían dejado sus labores y responsabilidades sin saber que vinieron para escuchar las posiciones de los diputados de la fracción del PRD, que bien pudieron haber expuesto desde la tribuna parlamentaria a fin de evitar el acarreo, los gastos que esta clase de acciones generan y que finalmente los pagan los contribuyentes, no los dirigentes políticos. Se evitarían las molestias que causan al cerrar las calles con autobuses, las desviaciones a la circulación de personas y vehículos, para que realicen sus eventos sin molestias, a sus anchas.

Afanosos, los organizadores instalan lo que utilizan para exhibir la fuerza que supuestamente tienen, para descalificar y presionar al gobierno y de paso exigir beneficios que no llegan a las comunidades sino a sus bolsillos. Después del mitin, del desfile de oradores, de supuestamente haber logrado los propósitos y objetivos propuestos, se retiraron dejando la plaza llena de basura formada por: botellas, bolsas, papeles, banderas, palos, cáscaras de frutas. Las letrinas, utilizadas por centenares de personas, se quedan despidiendo olores nauseabundos, hasta ser retiradas varias horas después. Las supuestas bases del PRD regresaron con algunos pesos entregados como apoyos; como consolación por el día perdido, no trabajado. Con lo hecho pretendieron dar la idea de que son congruentes con sus palabras, al decir que así sirven a la gente, no se sirven de ella.

Afirmaron que los primeros cien días del gobierno de Alejandro Murat son días perdidos, desperdiciados, cuando a la gente la obligan a desperdiciar el tiempo que deberían utilizar para labores productivas, benéficas para las familias.

En no pocos de los conflictos políticos que se desarrollan por la elección de autoridades municipales están las manos y asesoría de los dirigentes de partidos políticos como el PRD. Los traen a la ciudad capital en busca de mesas de negociación para torcer la ley y tratar de resolver conforma a sus intereses. Antes promovieron el chantaje, exigieron violar las normas electorales, presionaron para resolver de acuerdo a sus intereses.

Llenaron la Alameda de León con acarreados, con personas que solo al iniciar el evento se enteraron a qué vinieron, para qué los trajeron. Finalmente escuchar la advertencia de los organizadores, el infaltable, “no nos vamos a dejar…”. Lo que significa que habrán de regresarlos para repetir lo que es, un acto de chantaje.

Opinión de Mario Blanhir González

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