¡Qué pena, Juchitán!

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La descripción exacta, la síntesis de lo que es y sucede en Juchitán de Zaragoza, la ha hecho la regidora de Energía, Pamela Terán Pineda, al afirmar que: “Esta ciudad istmeña se debate en la miseria, es un descontrol completo, en un desorden en todos sentidos y en total inseguridad,,,”.

El festejado cambio en el gobierno municipal a partir de las elecciones que llevaron al poder a los líderes de la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo, se transformó en desilusión ciudadana. No ha habido un presidente emanado de esas filas que haya servido a su pueblo con honestidad y eficiencia, con responsabilidad y disposición a hacer el cambio real que la ciudad, el municipio, en general, merecen.

Con algunos periodos priista incrustados, como los de Héctor Matus y Daniel Gurrión Matías, la organización ha colocado a sus dirigentes en el gobierno local con resultados por demás decepcionantes, lamentables, contrarios a los intereses de las mayorías. El resultado es el que emitió la regidora del gobierno que encabeza la señora Gloria Sánchez López, hermana de Héctor Sánchez López que también ocupó el cargo, que además ha sido legislador federal, senador de la República, funcionario del gobierno del estado.

Por donde se analicen los resultados de las administraciones, Juchitán sale perdiendo. Los saqueos a las arcas municipales ha sido la constante. No hay quien no se haya aprovechado de la posición y las circunstancias. De desfalcos, desviaciones, fraudes y corrupción, se llenan las denuncias, que no trascienden, que han quedado impunes. Todo lo ilegal pasa y nada tiene consecuencias para los autores. Por eso el desarrollo económico y social se ha quedado atorado. No hay algo diferente, que evidencie el uso de los recursos públicos para favorecer a la gente.

Las movilizaciones de protesta, los bloqueos frecuentes, casi diarios, ha hecho que las empresas cierren, los inversionistas huyan, empleados y trabajadores se queden sin ocupación y sin ingresos. Los jóvenes, egresados de las instituciones de educación superior emigran, buscan otros horizontes, dejen de ser opciones para el futuro. La desesperanza se apodera de mujeres y hombres que no encuentran posibilidades de trabajo, porque no hay quien las genere, quien se arriesgue y decida invertir. Se sabe que las extorsiones a comerciantes, agricultores, ganaderos, son seguras. Que pronto habrá quienes fijen cuotas, pasen de las amenazas a los hechos si no atienden sus exigencias.

El panorama es desalentador. Al no haber trabajo hay miseria. La inseguridad existe porque la delincuencia sentó reales, se apoderó de la plaza. La policía municipal tiene presencia simbólica. Los elementos, mal pagados, no han pasado los exámenes de control de confianza, carecen de recursos, equipos, armamento adecuado. Narcomenudeo, robos, asaltos, extorsiones, secuestros, ejecuciones, son frecuentes. El temor es generalizado. Nadie está exento de ser víctima en cualquier calle o callejón, en los caminos.

Las acciones de las autoridades en el intento de poner orden, fracasan. Comerciantes en vía pùblica, los miles de moto taxistas que pululan en la ciudad, imponen condiciones. Se valen de la violencia para decidir qué, cómo y dónde operar. Valores como el respeto están borrados. Los acuerdos de Cabildo no se aplican si de ordenar el comercio y la circulación vehicular se trata. Impera la fuerza, el voluntarismo, el egoísmo. Los demás poco o nada importan.

En la ciudad de Juchitán no hay servicios públicos. El barrido y recolección de basura no se realiza. En el mercado no se cumplen las mínimas medidas de higiene, mucho menos en los puestos de alimentos que abundan en las calles adyacentes y en el parque central.

Tantos años de gobiernos corruptos e ineptos han estancado al municipio, a la llamada ciudad de las flores, sin que haya quien ponga fin a la indolencia, a los atropellos y saqueos. De ahí la contundente, real, afirmación, de la regidora Pamela Terán Pineda, en el sentido de que “parece ser que el pueblo ya se ha acostumbrado a la mala administración, al abuso de poder…” En este sentido vale repetir lo que el vate español León Felipe Camino expresó en el poema: “¡Qué Pena!, que sean siempre los mismos hombres, los mismos tiranos, los mismos farsantes (…) que sea así todo siempre, siempre de la misma manera…”

Opinión de Mario Blanhir González

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