Relevos municipales

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En el municipio de Oaxaca de Juárez, como en la mayoría de los 570 que existen en la entidad, asumieron los cargos, el gobierno más cercano a la gente. Con ellos se recuperan las esperanzas de contar con autoridades honestas, responsables, transparentes, eficientes, cercanas a la población que enfrenta problemas muy graves, como el de la seguridad, que se refleja en: asaltos, robos, secuestros, ejecuciones, extorsiones.

En otros municipios, en los que hubo irregularidades en los resultados de las asambleas, el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO), adelantó que podrían haber administraciones municipales, es decir, autoridades no electas sino designadas.

En no pocos municipios, la ciudadanía ha esperado con ansias y esperanzas, el cambio. Un caso es emblemático, el de Santa Lucía del Camino, que en tres años no contó con autoridades honestas, con un Cabildo dedicado a sus funciones sino a aprovechar los cargos para beneficiarse. La anarquía prevaleció. El saqueo de los bienes públicos fue constante, hasta los días finales al desaparecer desde equipos de cómputo, hasta las sillas, las oficinas quedaron vacías, sin recursos para iniciar actividades.

En Juchitán no hubo resultados favorables para el pueblo en el trienio que encabezó Saúl Vicente Vásquez, los conflictos prevalecieron hasta el final.. En el municipio, en la segunda ciudad más importante del estado por el número de habitantes, se instalaron bandas criminales con todas las ventajas posibles. Después se enfrentaron para controlar la plaza que deja buenos dividendos por: secuestros, robos, asaltos, extorsiones, ejecuciones, abigeato, narcomenudeo. Entre dos fuegos quedó el pueblo, que ante la inseguridad trató de defenderse organizándose por calles, barrios, secciones, colonias. No hubo autoridad que garantizara la circulación sin riesgos por las calles, caminos y carreteras. Obras de impacto, de beneficio a la población, ninguna.

La ciudadanía juchiteca no ha tenido en varios trienios gobiernos honestos. Todos han seguido la nefasta costumbre de aumentar la nómina contratando como trabajadores de base a quienes les ayudaron a llegar al poder. Ex presidentes cobran cuotas, reciben apoyos para pagar los salarios de ayudantes y trabajadoras domésticas. El presupuesto se acaba en salarios y prestaciones. Por la ciudad circulan miles de moto taxis, unidades incorporadas al servicio público por decisión de las organizaciones, sin permisos, sin concesiones y otra vez, por intereses de ex presidentes que son propietarios de las unidades. El estancamiento es evidente, vergonzoso, injusto. La inseguridad se agrava con policías en paro, que no pasan los exámenes de confianza ni reciben salarios y prestaciones.

Se fueron al menos 38 alcaldes sin rendir cuentas, sin explicar ni devolver millonarias cuentas. La Auditoria Superior del Estado confirma que en no pocos municipios los que dejaron los cargos malversaron fondos, desviaron recursos. Dejaron la certeza que corruptos han sido en perjuicio de su gente, de sus pueblos. Se fueron sin comprobar dónde y en qué aplicaron los ingresos que les fueron entregados para satisfacer necesidades y resolver problemas.

El final en el gobierno de Oaxaca de Juárez no fue el mejor. Inició bien. Continuó dando respuestas, realizando obras, recuperando los mercados, atendiendo las demandas de agencias y colonias. Pero en los últimos meses, el presidente Javier Villacaña Jiménez, solicitó licencia para incorporarse a la campaña del ahora gobernador del estado y finalmente, dejó el cargo por haber sido designado secretario de Administración estatal. Dejó como propuesta de solución al comercio en vía publica, la creación de plazas comerciales. Heredó, como sus antecesores, aumentado el problema del ambulantaje, que desbordado, se apoderó de más calles, más espacios, más banquetas y más plazas públicas. La oferta de campaña, de resolver el caso, fue eso. Se quedó en idea, en buena intención. El resultado es la consolidación del gran tianguis, formado por las diversas organizaciones, entre ellas, la de personas de la etnia Triqui, que se declara “desplazados”, que insaciables, se instalaron desde hace mucho años en el portal del palacio de gobierno, en el que ahora despacha Alejandro Murat Hinojosa.

Llega a la presidencia, por segunda ocasión, José Antonio Hernández Fraguas, afirmando que gobernará a partir de un proyecto con visión de ciudad y una clara visión de gobierno, que “se basará en: eficiencia, transparencia y honestidad, muy cercano a la gente…”

Otra etapa, otros gobiernos, otras esperanzas.

Opinión de Mario Blanhir González

 

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