Ideas para la cena de año nuevo al estilo de España

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Has sobrevivido a Nochebuena, Navidad (y San Esteban, si estás en Cataluña), las cenas con los amigos que viven fuera y vienen por estas fechas y otras comidas con familiares, amigos, vecinos y hasta un señor con corbata que pasaba por allí: enhorabuena, logro desbloqueado. Pero todavía te queda una prueba de fuego: la cena de Nochevieja. Si el remate te coge con pocas fuerzas, aún menos ideas y totalmente a contrapelo, no te preocupes: podemos ayudarte.

Hemos preparado un montón de recetas y sugerencias con cinco alimentos o tipos de productos diferentes como base. El foie, los frutos del mar, los ahumados, el queso y las conservas o semiconservas de pescado serán tus mejores aliados para preparar un cenorrio de ponerse de pie y aplaudir, y todo esto casi sin esfuerzo. En un par de ocasiones, incluso serán los invitados los que se curren su propia cena, y encima lo harán encantados.

Foie

Si tienes unos medallones de foie fresco, simplemente pásalos por una sartén caliente durante 30 segundos por cada lado: es importante que estén a temperatura ambiente para que no se queden fríos por dentro. Acompáñalos con una salsa hecha con un bote de mermelada de cebolla o frutos rojos y 50 ml de vinagre, cocidos hasta que el vinagre se evapore. Unas escamas de sal, pimienta y un buen puré de patatas para acompañar y ya tienes un principal bien apañado.

Para servir una deliciosa y rapidísima crema, dora un poco de cebolla, puerro y zanahoria en una cazuela con un poco de aceite de sabor suave. Añade unos 150 g de lentejas cocidas –de bote, refrigeradas o de cocedero– por persona y 200 ml de caldo de pollo o verduras, cuece un par de minutos y tritura hasta conseguir un puré fino y sin hollejos. Sirve bien caliente con unos daditos de micuit por encima.

Si a estas alturas de las fiestas estás un poco harto de complicaciones –y tus invitados también– ofréceles un plato de pasta de lo más festivo. Consigue una buena pasta larga, espaguetis o tallarines, por ejemplo, cuécela al dente y sírvela muy caliente con un poco de mantequilla, rallando encima un poco de parmesano o pecorino, micuit -tiene que estar muy frío para rallarlo bien, hay que ponerlo en el congelador- y una buena cantidad de pimienta negra recién molida. Estamos en temporada de trufa negra: si tienes la posibilidad de hacerte con una, también tiene mucho que decir aquí.

Ahumados

¿Alguna vez has preparado un bocadillo invertido? Es una idea que han desarrollado diferentes chefs -Ferran Adrià entre ellos- en la que básicamente el pan o la masa va por dentro y la chicha por fuera. Solo hay que coger unos cuantos trozos del tamaño de un dedo de pan de centeno, tostarlos, untarlos con mantequilla, poner encima unas hojas de rúcula y enrrollarlo todo en una loncha de salmón ahumado. Un poco de pimienta y perejil picado o cebollino y ya tenemos listo el picoteo.

La anguila ahumada, de sabor más potente, puede acompañarse unos blinis y un poco de nata agria, labneh o yogur griego. El bacalao quedará riquísimo en canapés o tartaletas viejunas con una salsa tártara casera, o al plato con las semillas de un par de tomates, aceite y aceitunas negras (tipo Aragón).

Estamos en temporada de escarola, una verdura de invierno cuyo ligero amargor se compensa perfectamente con un punto dulce como el de la granada. La trucha ahumada, una vinagreta de mostaza y un tallo de cebolleta cortado muy fino rematarán una rica y colorida ensalada. La trucha también se lleva muy bien con la burrata: abre una en un plato, pon el pescado picado a cuchillo por encima, un poco de aceite y unas alcaparras y sirve con un pan blanco y uno integral y de sabor potentorro tostados: más fácil imposible (y más bueno, también).

Conservas y semiconservas

Con un salmorejo de invierno -preparado con tomate raf-, sobre unas tostadas de buen pan de hogaza podemos servir unas sardinillas de lata en aceite de oliva. Con un poco del mismo aceite de la conserva, aceitunas negras y pepinillo picados podemos preparar una salsa densa para poner sobre la sardina: solo queda poner un poco de cebollino, sal y pimienta, y ya tenemos un entrante fresco a punto.

La ventresca de atún también tiene muchas posibilidades de triunfar en esta cena. Por ejemplo, separada en lascas y servida sobre unas alcachofas en aceite, con un lecho de rúcula y una vinagreta con un poco de cebolla picada. O sobre los mismos tomates raf de los que hablábamos antes, con cebolla encurtida en agua y vinagre durante unas horas y tus aceitunas favoritas, todo aliñado con un aceite de oliva sabroso. Entre el tiempo que debe hacer que no se comen un tomate decente y la felicidad de catar una ensalada en estos días de cebatil, un plato tan sencillo como este puede generar descargas de felicidad.

Marisco y otros frutos del mar

Las ostras no son el producto más barato del mundo, pero sí uno de los más versátiles para montarse un aperitivo en un pispás (siempre que tengas la maña necesaria para abrirlas, un don que no todos tenemos). Haciendo unas vinagretas y aderezos rápidos puedes llevarlas de viaje por el mundo: con vinagre de vino blanco, chalota picada, sal y un poco de azúcar tienes la clásica mignonette francesa y con lima, sriracha y leche de coco una versión thai. El vinagre de arroz y el wasabi también van perfectos con el yodo de este bivalvo.

Si prefieres gastarte menos dinero, el pulpo es una estupendísima opción, sobre todo si no lo usas como protagonista sino como acompañamiento. Por ejemplo, con un puré cremoso de patata con un huevo como acompañamiento, un plato de aire muy festivo pero con un coste ajustadísimo. Esta versión con verduras al horno lleva un poco más de tiempo, pero durante ese tiempo el que trabaja es el electrodoméstico, así que puedes invertirlo en otra cosa. Si te curras un poco la presentación, es un éxito asegurado.

Otro producto que –sobre todo si lo compras congelado–, ofrece una buena calidad a un precio muy ajustado son las gambas. Hace poco las preparamos en ensalada con hinojo, perejil, cítricos y lima, un primero ligero perfecto si luego se va a servir un segundo más contundente. Si os apetece más una versión cruda, este carpaccio con 4 variaciones es un acierto, además la parte en la que se aplanan las gambas puede prepararse el día antes y dejarse en el congelador.

Quesos

La manera más sencilla de solucionar parte de una cena sin mover un dedo es acercarte a una quesería y pedir que preparen una tabla. Te asesorarán en la cantidad necesaria para los comensales que seáis, te indicarán el orden en el que tenéis que comer los quesos, con qué puedes acompañarlos y, si tienes suerte, te los llevarás en una bandejita de madera de un solos uno, listos para servir sin tener que ensuciar nada. Una buena selección de pan, frutos secos y frutas deshidratadas, alguna confitura y ya tienes el plan solucionado.

¿Quieres que los invitados se curren su propia cena? Haz una fondue o una raclette: si no tienes los aparatos, es posible que te los presten en la misma quesería donde compres el ingrediente principal. Recuerda que en la raclette también se usan carnes y embutidos, además de patatas asadas y pepinillos como acompañamiento, con lo que puede considerarse una cena más que completa. En el caso de la fondue solo tienes que preparar otra de carne con sus correspondientes salsas –si crees que aceite y quesazo en la misma cena es un poco demasiado, puedes prepararla con caldo– y a disfrutar.

Con información de El País

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