Ajustes que impactan

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Desde hace varias semanas se venía especulando sobre el aumento a los precios de las gasolinas. El director de Petróleos Mexicanos a preguntas expresas sobre el tema eludió las respuestas. En los medios de comunicación se calculó, a partir de diversas fuentes, entre ellas del gobierno federal, que el aumento sería entre el 15 y el 20 por ciento. Las predicciones no fallaron al darse a conocer oficialmente que a partir del primer día del 2017, las gasolinas magna, Premium y el diesel aumentarán de manera considerable.

Las consecuencias serán inmediatas con alzas en los productos de la canasta básica, en el transporte de pasajeros y todos los productos que son trasladados a los mercados. Se explica que los aumentos responden a los precios internacionales, al costo de transportación que es variable dependiendo de las distancias entre los centros de producción e importación, a los venden y a los ingresos que deben obtener las empresas que los distribuyan, sin faltar, desde luego, los impuestos.

A partir de enero habrá precios controlados. Días después, en febrero, las cotizaciones serán distintas en las 90 regiones en las que ha quedado dividido el territorio nacional. En unos lugares costará más que en otros. Inclusive en una misma, como en la Ciudad de México. Las justificaciones empiezan a darse. Las explicaciones sobran sobre una decisión que sin duda pegará al bolsillo, a la economía de las familias, a todos, en mayor o menor proporción. La medida es inflacionaria. Y no hay peor impuesto que la inflación, pues lo que hoy se puede comprar, mañana ya no podrá ser posible al mismo precio.

Si nos situamos en nuestro medio, en la capital del estado, los aumentos impactarán en el transporte público. Una gran cantidad de personas viven en los municipios conurbados, utilizan los servicios de taxis foráneos y autobuses, éstos ya adelantaron el aumento en el pasaje. La decisión es lógica. Si la gasolina que consumen las unidades costará hasta un 20 por ciento más, las tarifas aumentarán en la misma proporción o más. El impacto alcanza a todos, a los estudiantes que deben llegar a las escuelas y universidades, a las amas de casa que deben acudir a los mercados donde encontrarán otros precios en todos los alimentos. Viajar a cualquier parte del estado y del país, por razones de trajo, por distracción o diversión, costará mucho más. En ese sentido habrá que ajustar el presupuesto personal y familiar.

Recurrir a las compras de pánico no resuelve nada. Solo se podrán ahorrar unos pesos. Para después enfrentar la realidad, cada vez que se acuda a las estaciones de venta, con precios diferenciados, que pueden ser mayores o menores, con ajustes diarios.

Lo que se advierte ahora, se asegura, no es el resultado de la Reforma Energética, que se propuso, entre otras cosas, como necesaria. Se ha sostenido que pronto se reducirán los precios de los energéticos en beneficio de los mexicanos. Lo cierto es que ocurre lo contrario, lo que sube, no baja.

Las festejadas reformas que ha hecho el gobierno federal no ofrecen mejoras a la población. El presidente Enrique Peña Nieto ofreció no subir los precios de los combustibles. Lo hizo luego de la aprobación de la Reformas, que ahora los partidos políticos de oposición declaran es una decisión voraz, abusiva. Ahora tendrá que dar la cara y responder a los mexicanos, que indignados estamos por la medida que sin duda es inflacionaria, al mismo tiempo que desafortunada para todos.

El director de Pemex declaró en entrevistas que los nuevos precios son justos. Lo justo, entonces, es pagar más por todo lo que se consume. Justo es pegarle a quienes trabajan recibiendo salarios calculados a partir del mínimo, que apenas aumentó unos cuantos pesos, que no alcanzarán para cubrir los incrementos de productos básicos, alimentos y ropa, entre otros.

La decisión del gobierno de Enrique Peña Nieto causa molestia entre la población y reacciones de la oposición, que reitera, es devoradora y violenta, contraria a la economía de cada familia, de cada mexicano y que en principio advierte, a través de legisladores, que invitarán a la población a rebelarse contra lo que consideran abusos del gobierno, ya que de esta manera se quedará con cinco pesos por litro, a partir del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios.

Los ajustes por la liberalización de las gasolinas impactan con dureza. No hay cómo eludirlos.

 Opinión de Mario Blanhir González

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