Will Smith, ¿el ocaso de una estrella?

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El principal agregador de críticas de Hollywood, Rotten Tomatoes, se ha cebado con Belleza oculta, el último estreno de Will Smith. “Y con esta ya van cuatro”, echa leña la revista digital The Wrap recordando otros recientes desastres del actor como After Earth, Focus y La verdad duele. La revista Forbes le pone un número a su fracaso: Will Smih es el segundo actor menos rentable y, por tanto, el que menos se merece el sueldo que cobra. ¿Y cómo se toma las críticas el príncipe de Bel-Air? Pues con lo que su abuela siempre definió como el “gen feliz” que le caracteriza. “Lo siento por mi familia, pero a mí me encanta ser famoso. Me encanta salir a la calle y no poder dar un paso sin que alguien me conozca. Me hace sentir más seguro”, confirmaba a EL PAÍS a principios de diciembre este intérprete henchido de gloria. La fama le viene de largo. “Este año marca mi 30º aniversario en esta industria”, en la que comenzó hecho un imberbe en el rap y la televisión.

Ahora solo le quedan dos años para cumplir los 50, y hace tan solo una década los titulares (y los cheques) que acompañaban su nombre eran muy diferentes. En 2007, la revista Newsweek le llamaba el actor más poderoso del mundo tras ocho estrenos consecutivos capaces de superar la barrera de los 100 millones de dólares en las taquillas de Estados Unidos. Pero luego llegó Siete almas (2009), y con ella una serie de dramas emocionales con los que, según la crítica, Smith se ha estancado. Su público está de acuerdo a juzgar por los pocos que han mostrado interés en ver su último filme, una versión moderna de ¡Qué bello es vivir! donde el actor interpreta a un hombre al que todo le va bien hasta que pierde a su hijo. La película, dirigida por David Frankel, solo ha recaudado 6,7 millones de euros en EE UU pese a estrenarse en 3.028 salas.

El único que no piensa que se ha estancado es él. “He cambiado. No soy quien era en 1986 ni tan siquiera el mismo que protagonizó Independence Day [1996]. Soy capaz de dar una mayor autenticidad a los papeles que interpreto y prefiero adentrarme con bravura en nuevos territorios que quedarme en la zona de las secuelas”, explica.

Eso no quiere decir que no juegue a lo seguro. Está preparando secuelas para muchos de sus éxitos. Por ejemplo esas dos nuevas entregas de una de las sagas que le hizo más popular, la de Dos policías rebeldes (Bad Boys). También está trabajando con David Ayer, el director de Escuadrón suicida y autor de su único éxito reciente (aunque no aparecía como protagonista), en un filme del que solo se conoce el título y con el que quiere sorprender a la audiencia.

Con éxito o sin él, lo que está claro al ver a Smith es que es alguien que lo da todo por su público. Incluso si eso le impide estar junto a su padre en el lecho de muerte. “Murió hace unas semanas [el 7 de noviembre]. Y estuvimos en FaceTime mirándonos como 20 minutos en la distancia hasta que alguien dijo a su lado eso de ‘papi, ¿no le quieres decir nada a Will?’. A lo que mi padre respondió eso de: ‘¿A este cabrón? Lo que no le he dicho ya no se lo voy a decir ahora”, recuerda con cariño pero sin perder la oportunidad de hacer de este momento tan personal uno de sus raptos de simpatía y carisma en los que apoyar la promoción de su último filme.

Por algo en su epitafio le gustaría que pusiera “no te olvides de reír”. Es su modus vivendi, entre la popularidad y el humor. Y también el amor porque, como admite, es un romanticón. Casado con la también actriz Jada Pinkett desde 1997, uno de los peores momentos que recuerda en su vida fue su divorcio en 1995 de su primera esposa, Sheree Zampino. “Era muy joven y fue un palo. Mi vida no ha sido más fácil que la de los demás pero lo que sí es cierto es que tiendo a gravitar hacia la luz”, confirma este eterno optimista.

Con información de El País

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