Adiós, Gabino

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Por Sergio Hernández

Obras inconclusas como hospitales, caminos, el fallido Centro Cívico Cultural  y otras hechas sin información clara ni transparente nos dejan ver los entresijos de un gobierno que deja una deuda pública de 16 mil 200 millones de pesos.

Los gobernadores y en general las poderosas burocracias controladas por ellos no procesan nunca la franqueza, menos la crítica, a la que quisieran desaparecer de un plumazo o exorcizar a punta de descalificaciones.

Acomodados al fingimiento, reciben la verdad como una insoportable provocación, como una deslealtad contra la tranquila convivencia social, como un peligro para la rutinaria operación de las estructuras bajo su mando. Al necesario oficio popular de llamar las cosas por su nombre responden con llamados a las buenas costumbres, es decir, a las conductas, evasivas, y si acaso algo reconocen es para decir de inmediato “no es para tanto”, o para deslegitimar a quien se oponga —según ellos— al progreso de Oaxaca (así, en abstracto).

Fue sorprendente para Gabino Cué la protesta pública y el rechazo a la construcción del dizque Centro Cultural y de Convenciones en el cerro de El Fortín, proyecto que terminó en un incómodo y peligroso estacionamiento que viola todas las normas y reglamentos urbanos, pero beneficia a sus propietarios, los dueños del Hotel Victoria y les da la oportunidad de ganar más dinero y ofrecer mejores regalos (inclusive casas) al gobernante que se irá a alguna de ellas en pocos días.

Una nota periodística sobre la casa blanca del gobernador publicada por un periódico de la capital del país, un reportaje sobre obras inconclusas como hospitales, caminos, el fallido Centro Cívico Cultural y otras obras hechas sin información clara ni transparente, nos dejan ver los entresijos de un gobierno que deja una deuda pública de 16 mil 200 millones de pesos.

Otro diario de alcance nacional hizo públicos hasta los números de las cuentas bancarias con depósitos hasta por 7 mil millones de pesos como muestra del enriquecimiento ilícito de un ex colaborador del gobernador Cué. Estos reportajes, relevantes en la historia de nuestra vida pública de Oaxaca, muestran que nada cambió para mejorar.

Numerosos artistas de Oaxaca presentamos hace tiempo un diagnóstico crudo sobre los resultados de los programas culturales que, poco a poco, habían olvidado sus tareas esenciales. En este documento más de 100 artistas de todo el país hicimos nueve propuestas. El documento sigue siendo de una clara autocrítica y crítica institucional al pobre desarrollo cultural en nuestro estado y al nulo impulso en el sexenio que agoniza.

El diagnóstico sincero que se expresa en sus páginas lo extendimos a 12 estados donde se celebraron elecciones y sigue siendo herramienta para reconocer los problemas de la vida cultural y las propuestas para superarlos hasta resolverlos.

En artículos periodísticos y propuestas enviadas a los gobernadores electos destacamos la habilidad burocrática para encubrir los problemas de la vida cultural y la fácil respuesta de simulaciones imperante en sus programas; describimos las obstrucciones oficinescas, el ausentismo, el bajo nivel académico y de preparación y disposición de los encargados de la cultura, la falta de mecanismos de exigencia y transparencia en todo lo que promueven y realizan.

Pero no es la primera vez que se hacen públicos los datos de un desempeño inaceptable del gobierno de Oaxaca, que ya se va.

Los políticos ven una transición ordenada (así le dicen al “no hagan olas”), pero son ciegos ante la deuda impagable, los hospitales con aparatos inservibles o comprados con sobreprecios, mientras algunos pacientes mueren incluso a unos metros de la puerta del sanatorio. Deja Gabino una burocracia gigantesca y mal organizada. Esa es otra tradición malsana marcada por el encubrimiento político y la victimización. Nunca ejercieron la autocrítica como requisito de la responsabilidad pública. No hubo tampoco un diagnóstico como preludio a la transición que entregará un estado endeudado, enojado, pobre y opaco.

El proyecto de Cué propuso que los pobres fueran menos pobres mediante la creación de más empleos, pero solo pudo engordar la nómina de sus oficinas. Prometió un gobierno democrático, transparente y honesto en un régimen “de alternancia” que no ofrecería obsequios; reclamaría compromisos de los funcionarios hacia los sectores productivos y buscaría terminar con los privilegios disfrazados de derechos. Nada de eso se hizo. Los cambios fracasaron por la fuerza de las resistencias corporativas y por el efecto encubridor de su propia camarilla de incondicionales. La suya fue quizá la última oportunidad de un gobierno diferente al PRI, pero fracasó y aceleró su derrota electoral. Hoy el sentimiento de la mayoría de los oaxaqueños es de profundo engaño.

No hablaba con la verdad; verbalizaba con fingimiento para congraciarse con la prensa complaciente y recibir el aplauso pagado en cuadratines lambiscones. No es extraño que su última pelea haya sido una vanidosa “batalla por su nombre”. La mentira —creyó siempre— se convierte en verdad si se repite mil veces.

Dedicado a la política, jamás cuajó auténticamente como buen político. Acentuaba su marginalidad y cínicamente repetía que estaba de paso, que no pertenecía a ningún partido y aseguraba que pronto regresaría a lo suyo. No se equivocó en esto, lo suyo son los amigos y los negocios.

 

*El texto original de este artículo fue publicado por Milenio Diario

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1 Comentario

  1. Gabino cue debio leer a Luis Spota que en su novela “El primer dia”, ejemplifica clara mente lo que fue su gobierno y la manera en la que se encuentra en estos momentos, esta obra de Spota es una novela que habla de la corrupción, de la soledad, de la ingratitud, de la ignorancia y la venganza de un hombre que después de ser Presidente se convierte en el ser más vulnerable e indefenso, objeto del canibalismo político que un día lo encumbró y ahora lo hace víctima de las maniobras del nuevo Mandatario que intenta borrar todo rastro de su periodo.

    A fin de cuentas, el sabia que eso le esperaba y si le agregamos la desmedida corrupción que lo poseyó, ahora tendrá lo que se merece.

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