Termina un ciclo

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Mario Blanhir González

Hoy termina, afortunadamente, el gobierno de Gabino Cué, en medio de lo que se ha incrementado en los últimos días de su mandato, los reclamos, las exigencias de pagos de bienes y servicios proporcionados por el sector privado y por organizaciones sindicales. Termina con la exhibición pùblica, desde la Cámara de Diputados, de los funcionarios que desde las secretarías y dependencias del gobierno que no quisieron, no pudieron, cumplir con las responsabilidades asignadas. En las comparecencias de la glosa del sexto informe fueron severamente cuestionados, exhibidos, sin faltar las acusaciones y las advertencias de denunciarlos penalmente por presuntos actos de corrupción.

Con bloqueos y plantones, se acaba el sexenio. Esa fue la constante, el trago amargo de cada día en las regiones del estado, pero sobre todo en la ciudad de Oaxaca. La administración de Gabino Cué deja el área de salud devastada, sin los mínimos recursos para operar en beneficio de los más pobres, obligando a cobrar los servicios. El Hospital Civil, “Aurelio Valdivieso”, es el ejemplo, el emblema, de la crisis en la que terminan los seis años del gobierno del cambio, de la alternancia. El pueblo de Oaxaca y hasta las organizaciones que fueron aliadas lo reprueban.

El relevo, se deduce, no se realizará en condiciones de tranquilidad deseada. Los chantajistas de los últimos años, los promotores de las acciones de presión; los activistas que planean y dirigen los bloqueos, las marchas, las tomas de edificios públicos, incendian oficinas, riñen en las calles, secuestran vehículos, se eliminan entre sí, crean la anarquía. Se han preparado para darle el recibimiento al gobierno de Alejandro Murat Hinojosa.

No podía ser de otra manera, si durante seis años se dedicaron a presionar y obtener beneficios y de paso a castigar al pueblo del que se dicen parte y a quienes dicen representar. Están prestos a impedir que el inicio de una etapa política y de gobierno más se lleve a cabo en forma civilizada, como corresponde a un sistema democrático. Se adelantan movilizaciones, sitiar la capital, hacer presencia en el escenario del acto protocolario, que no debe ser otro que la sede del Poder Legislativo. El plan delineado incluye ahorcar al estado durante 48 horas, cerrar las vías de circulación en 37 puntos carreteros.

Los motivos de las movilizaciones son dos principalmente. Uno, exigir pagos pendientes a quien le proporcionaron bienes y servicios, que se niega hacerlo, que se irá asegurando que quien asume el cargo, se hará cargo de las liquidaciones, lo cual no genera seguridad y esperanza de que así será. El segundo, advertir al gobernador entrante que más le vale convenir, acordar y responder a sus demandas si no quiere más de lo mismo. Más de lo que ha sumido a la entidad en el caos económico, político y social.

El ambiente no es el deseable, conveniente ni civilizado. Se recibirá a Alejandro Murat en condiciones desfavorables para responder a las demandas y necesidades. Las del ayer no atendidas, las del futuro que se auguran complicadas por las condiciones del momento a nivel global y nacional.

Las esperanzas de mañanas mejores se recuperan porque no queda de otra. Los oaxaqueños esperamos que el fracaso del gobierno de Gabino Cué no se repita. Las expectativas que creó hace seis años se fueron a la basura, no las hizo realidad. Otras están puestas en un gobernador joven, con formación profesional y política, con experiencia en cargos de la administración pùblica; con fortalezas en las que debe apoyarse para enfrentar los problemas no resueltos, por el contrario aumentados, multiplicados, dando tema y oportunidad de intervención a los que en lugar de ayudar los complican.

Lo que Gabino Cué deja son condiciones a anarquía e ingobernabilidad que Alejandro Murat debe encarar y resolver. La tarea es mayúscula, de dimensiones extraordinarias. Para enfrentarlas debe haber un plan de desarrollo viable, con recursos económicos, con honestidad, de otra manera las buenas intenciones se estrellarán con el mismo muro, con los obstáculos que impiden que Oaxaca salga del último lugar en todo: educación, salud, comunicaciones, justicia social.

El discurso de Gabino Cué, hace seis años, creó enormes esperanzas. Los resultados no se acercaron a convertirlas en realidad. Las frustraciones ahí están, ahí las deja. Deja compromisos incumplidos, obras a medias. Ganó la confianza hoy traicionada. Se va con la advertencia de quien lo sustituye: quien la debe, la paga.

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