Los dos Fideles

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Por Alejandra Sota

A los 90 años, enfermo y dejando atrás el gobierno unipersonal más largo que ha visto América Latina, Fidel Castro murió para dar entrada a una discusión en extremo polarizada sobre su legado. Para muchos, Castro se une al linaje de Trujillo, Pinochet, Somoza y Videla; para otros ha sido el estandarte de la dignidad y la soberanía latinoamericanas, defensor de los derechos sociales más básicos. Y es que pareciera que hay dos Fideles, el dictador implacable y el líder progresista; y en esa partición se da el debate de su legado en redes sociales.

Un personaje que admiro por su ejemplo y convicciones, es el hondureño Luther Castillo Harry: médico miembro de la etnia afro-indígena garífuna, una de las comunidades más pobres del continente, a quien conocí en Harvard. Estudió en la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana gracias a las becas que el gobierno cubano ofrece a estudiantes de países en desarrollo. Coordinó una Brigada Internacional de médicos en Haití después del terremoto y ha logrado montar una amplia red internacional para construir y mantener hospitales de atención gratuita en su país. Tras la muerte de Fidel, publicó en Facebook: “Nos diste el honor y la oportunidad a los hijos de los descalzos de convertirnos en hombres y mujeres de ciencia y consciencia. Pero como me dijiste aquella tarde del 13 de agosto: ‘La mejor manera de agradecer es luchar por la salud de los más necesitados’.” Uno de sus seguidores comentó: “Lo llamaban tirano, pero yo lo vi enviar médicos y educadores a naciones donde las ‘Democracias’ solo enviaban bombas #HastaSiempreFidel”.

Como muchos, soy seguidora del trabajo de Yoani Sánchez, quien ha construido una destacada carrera como periodista, bloguera y activista cubana, muy activa y conocida en las redes sociales, encabezando la lucha a favor de los derechos humanos, la libertad de expresión, la diversidad sexual, el acceso a la tecnología y las redes sociales en Cuba. Su blog tiene millones de seguidores, su voz tiene influencia internacional y su trabajo le ha hecho acreedora a premios como el Ortega y Gasset de periodismo. Es sabida su posición como disidente del régimen y sus duras críticas a lo que considera un gobierno autoritario, corrupto y abusivo. Sus tuits del fin de semana fueron leídos por sus muchos seguidores y líderes influyentes le dieron RT.

¿Cómo conciliar ambas posiciones? ¿Cómo hacer un balance equilibrado en un ambiente tan polarizado? ¿Está equivocado Luther por defender a quien le dio la oportunidad de estudiar y de ayudar a los “descalzos” del continente? ¿Están mal quienes festejan la muerte de Fidel después de haber sufrido en carne propia las violaciones a los derechos humanos? Los dos Fideles reflejan las dos formas en las que los latinoamericanos hemos tratado de buscar el bienestar de nuestros países: a través de la inquietud impaciente del cambio radical, o bien en el cuidado y cultivo de los derechos básicos y el perfeccionamiento de los gobiernos por medio de la democracia. La miseria nos impacienta; la conciencia nos exige el respeto a los derechos fundamentales. Las causas de Luther y Yoani son ambas, justas y necesarias. Comparto el humanismo social en la vocación y lucha de Luther, pero también la lucha de Yoani por ver realizados en Cuba los ideales de libertad, democracia, tolerancia y respeto a los derechos humanos. La verdad no está en la división y la condena recíproca, sino discutiendo en libertad y en democracia cuáles son las mejores soluciones a nuestros grandes problemas sociales.

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