Hoy, transición de gobierno

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Por: Carlos R. Aguilar Jiménez

Decepcionados por falta de respuestas a los problemas de Oaxaca y luego del de 2006, la mayoría de Oaxaqueños votó por la promesa de un cambio, el ofrecimiento de Gabino que con el habría un cambio y trabajaría para el bienestar, por lo que, encandilados unos y decepcionados otros, hace seis años votaron contra el PRI, ganando la gubernatura una supuesta intención de cambio, que no sucedió, no hubo y, al contrario, la situación y contexto socioeconómico resulto peor, incluso más execrable que con URO.

Decepcionados una vez más del supuesto cambio, los oaxaqueños este año en mayoría votaron de nuevo por el PRI, quizá pensando que de lo malo, lo mejor, encandilados de nuevo en que si bien el PRI no ha sido lo que esperan los cuidadnos de sus gobernantes, al menos no se alían con antagonistas y pactan con discrepantes, PAN con PRD (comunistas frustrados con conservadores religiosos) manteniendo así el PRI una ideología congruente, porque los verdes son iguales aunque dizque ecologistas, así que regresa hoy el PRI a gobernar Oaxaca y, en doble transición, de partido político y generación, porque el nuevo gobernador, Alejandro Murat es joven y casi MILLENNIAL, porque su formación familiar, social, educativa, cultural y política corresponde a las tendencias de los Millennial, la generación nacida entre 1981 y 1995 que se hizo mayor de edad con la entrada del nuevo milenio y, que en perspectiva de vida y existencia tratan de cambiar estructuras ideológicas y costumbres arcaicas, muchas obsoletas del siglo pasado, de la Era de Gabino y sus antecesores en el gobierno de Oaxaca, circunstancia afortunada que con Murat es un beneficio para Oaxaca, un estado tradicionalista y reaccionario al progreso y el cambio.

             Con la transición de sexenio, gobernando Alejandro Murat, Oaxaca espera se dé el milagro anunciado y, aunque los milagros no existen, al menos podemos esperar un cambio en honestidad, respeto y aplicación de la ley con autoridad, dejando atrás la ineptitud de los últimos seis años, encandilados ahora con la conclusión de autopistas a la costa e istmo, que serían detonantes de cambio y transición al progreso debido al impulso que darían al turismo, comercio, industria, transporte, empleos, oportunidades y de bienestar real, no simulacros de cambio, al presumir acciones que hizo el gobierno federal, no el estatal que no cambió nada.

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