Publicada el 29-11-2016 (09:01:53)
Roberto, un chofer de 38 años que transportaba cacao a la Ciudad de México inhaló por más de 50 horas fósforo de aluminio, porque a las personas que lo contrataron para transportar granos de cacao se les olvidó avisarle que en la carga venían colocadas al menos tres pastillas de dicha sustancia letal, utilizada en el campo para aniquilar plagas.

De forma cotidiana, Roberto manejó día y noche desde Cárdenas, Tabasco. No se despegó de su camión; incluso dormía en el camarote, pero tampoco, en todo el trayecto, dejó de inhalar el fósforo que, luego de más de dos días, lo puso entre la vida y la muerte.

Ya en la Ciudad de México, el camionero comenzó a sentir dificultad para respirar, sensación de opresión en el tórax, mareo, náuseas, dolor abdominal y deshidratación.

Con todos esos síntomas el hombre logró llegar vivo, y por su propio pie, al Hospital La Raza, en la Gustavo A. Madero.

De inmediato fue canalizado al área de urgencias de la Unidad Médica del Alta Especialidad (UMAE), a esa hora, las 10:25, con más de 40 pacientes y casi 30 trabajadores, quienes ni siquiera sabían lo que ocurría.

Y, después de ser revisado por los especialistas, comenzó la alerta roja. Roberto estaba intoxicado y el riesgo se incrementaba, ya que el paciente exhalaba el fósforo de aluminio y podría contaminar a los que se encontraban en el área de urgencias.

De inmediato se activó el Protocolo de Protección Civil. Los médicos justificaban la activación: la sustancia que exhalaba el conductor, al haber estado en contacto con el aire se óxido, liberó un gas conocido como fosfina, el cual es sumamente tóxico y provoca inflamación generalizada en los vasos sanguíneos y paraliza la actividad celular, que podría contaminar al resto de los pacientes.

En segundos inició la evacuación de los pacientes. Fueron sacados de la sala y llevados a los pasillos del hospital. No sabían lo que ocurría. Los derechohabientes sólo miraban a un lado y al otro, aún conectados a sueros y medicamentos, y observaban a personas en la misma situación.

Por varios minutos camillas iban y venían de un lado a otro, con y sin pacientes. Buscaban sacarlos de la zona lo más rápido posible. Y todos lo que tuvieron contacto con el chofer del camión —pacientes, enfermeros doctores y personal de seguridad- recibieron atención especial.

Algunos enfermos ni siquiera entendían lo que estaba ocurriendo; sólo vieron a los médicos que corrían, las enfermeras gritaban dando indicaciones a sus compañeras, pero nadie les decía que estaba sucediendo.

Cerca de las 11:00 horas, 40 pacientes fueron evacuados del lugar; 12 de ellos fueron llevadas a otros hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social, el resto fue transferido a otros pisos del edificio.

Al final, el cerco sanitario funcionó. Ni un solo paciente que estuvo cerca de José se contaminó.

El transportista fue reportado como estable y fuera de peligro.

Asimismo, se informó que el área de Urgencias fue sanitizada para que en el menor tiempo posible se continuara  prestando el servicio.

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Con información de: Crónica

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