Publicada el 15-10-2016 (15:48:40)

El Barcelona vistió sus mejores galas, ultimó los preparativos y recibió a su estrella con un cartel y una sonrisa de oreja a oreja: “Bienvenido Leo”. El equipo azulgrana festejó el regreso de Messi a lo grande, con una goleada al Deportivo en la que el protagonista participó como siempre, dando espectáculo y anotando. Nada ha cambiado. Leo sigue siendo Leo.

No hubo globos ni se repartieron caramelos. Tampoco hubo matasuegras ni confeti. No hizo falta. El Barça se lo pasó en grande. Con Neymar repartiendo asistencias y Rafinha ganando confianza a base de goles. Con Suárez añadiendo otra diana a la cuenta y con Messi, el protagonista del día, cerrando el festejo y poniendo en pie al Camp Nou.

Le dio Luis Enrique otra vuelta de tuerca más al sistema y se presentó, como hiciera en Leganés, con un 3-5-2 para suplir la baja de Sergi Roberto, toda vez que Aleix está lejos de contar para el asturiano esta temporada. Sin embargo, en esta ocasión fue Arda el que se situó en banda derecha y Rafinha se incorporó a la línea de ataque de tres. La jugada no pudo salirle mejor.

En un primer tiempo discreto, repleto de imprecisiones y con una versión más bien gris, el Barcelona se fue con el partido resuelto al descanso. Lo hizo agarrándose a su pegada y al estado de gracia de Rafinha. No le hizo falta más. Ni el desborde de Neymar ni el oportunismo de Suárez. Ni siquiera un ritmo alto de juego para provocar desajustes en la poblada defensa gallega.

Tras un aviso en forma de volea que Neymar estrelló en el larguero y cuyo rechace Suárez mandó a las nubes, llegó el primer golpe azulgrana. Rafinha le robó la cartera a Navarro y se apoyó en Suárez para finalizar con un disparo cruzado. Las manos blandas de Lux hicieron el resto.

El gol hizo demasiado daño a un Deportivo que se entregó pronto. Quince minutos más tarde, el brasileño aparecía de nuevo para empujar a la red otro rechace de Lux, esta vez a cabezazo de Piqué. Iba el partido camino de ser un paseo pero el recuerdo de temporadas pasadas, donde los gallegos habían rascado puntos en su visita al Camp Nou, estaba demasiado reciente.

Apareció entonces Neymar, al filo del descanso, para echar el cierre al encuentro. Se inventó un pase genial con el exterior al que Suárez le dio todo el sentido del mundo con un control orientado que le dejó frente a Lux. El uruguayo echó otro balón a la saca y se tomó un merecido descanso tras la jornada de selecciones.

A la fiesta azulgrana se sumó Messi, que entró al poco de iniciarse la segunda parte. Al tercer balón que tocó y con tres minutos sobre el terreno de juego, Leo se reencontró con el gol. Neymar volvió a filtrar otro pase maravilloso y el argentino confirmó su regreso, a pleno rendimiento.

La obsesión de Alcácer

Esa facilidad para ver puerta que tiene Messi parece haberla perdido Alcácer desde que viste la elástica azulgrana. El delantero se encontró con Lux en un cabezazo a quemarropa y más tarde estrelló un remate a placer en el cuerpo del meta deportivista. En el último suspiro, volvió a a mandar fuera un disparo a puerta vacía. El gafe le persigue y la falta de gol ya se ha convertido en una obsesión. La expulsión de Laure, por cierto, sólo añadió mayores facilidades a los de Luis Enrique, que ya se lucían en medio de una plácida tarde en el Camp Nou.

Fue la única mancha en el traje de un Barça que vuelve a vestir de etiqueta. Con Leo está listo para acudir a las grandes citas con seguridad en sí mismo. La primera llega este miércoles ante el City de Guardiola. Con Messi, ¿quién dijo miedo?

Con información de: Marca.com

 

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