Publicada el 12-10-2016 (15:56:02)

Ayer fue despedido el actor Gonzalo Vega, quien era considerado un toro bravo que moriría en el ruedo: el escenario.

La anterior cita la dijo el histrión a su amiga y socia Frida Vallejo en la última función de la temporada de La señora presidenta, según señaló la agencia Notimex.

Los restos de Gonzalo Vega fueron sepultados la tarde de este martes en la zona de la Asociación Nacional de Actores del Panteón Jardín. Fue velado en el mausoleo San Ángel Memorial, contiguo a dicho cementerio, donde también están las criptas de Pedro Infante y Jorge Negrete.

Gonzalo Vega era lapidario e implacable. No parecía conocer la hipocresía de lo políticamente correcto.

Apuntaba que en las décadas de los 60 a los 80 el país vivió culturalmente inmerso en el esnobismo. Agradecía a Héctor Azar como maestro y a los cineastas Alejandro Galindo y Arturo Ripstein, porque le dieron sus primeros y mejores papeles en cine. Imposible olvidar su actuación en El lugar sin límites, clásico de Risptein.

Como actor y empresario sabía de la importancia de un personaje que lo acompañó más de dos décadas: “Tengo un altar para La señora presidenta, ante el cual me persigno todos los días”.

En una entrevista en estas páginas concedida a la reportera Rosa Elvira Vargas, el histrión renegaba de las escuelas de teatro porque son, decía, ¡una asquerosa mentira!

En 2001, Gonzalo Vega hablaba de política. Se quejaba de los legisladores: ¡Claro que satanizo al pinche Congreso que está deteniendo la canasta fiscal y la está usando políticamente para que el gobierno no tenga dinero! ¿Por cuántos años el PRI ha dado prebendas a cambio del voto?

Comentaba sobre sus inicios: Empecé en el teatro con una inconsciencia y una ingenuidad que conservo; si no, no hubiera aguantado. Ingenuo en el sentido de que realmente yo tuve una vocación muy clara y nunca la tergiversé.

Se le preguntaba sobre el toque de distinción que da a un actor ser egresado del teatro universitario: En mi carrera, al contrario. Todo lo aprendí ya en la profesión y de gente a la que admiraba mucho. No solamente no estoy de acuerdo con las escuelas de actuación, sino que no lo estuve nunca.

¿Insinúa que no debieran existir las escuelas de actuación?, se le preguntó.

¡Pero para nada! Eso es una gran mentira. La historia lo demuestra, ¿cuántos grandes actores son de escuela? Creo que ni uno solo. Eso es un gran invento. El gran actor es el que aporta un nuevo estilo, una nueva técnica y se convierte en un creador.

Escuela de arte dramático

Pero, aun así, él había hecho teatro universitario.

En un festejo de La señora presidentaFoto Notimex

“Sí, pero lo hice por las circunstancias. Ir a la escuela de Filosofía y Letras era para fugarme de estar inscrito en contabilidad o en administración por presiones familiares. En Filosofía y Letras estaba la escuela de arte dramático, y me inscribí ahí… hicimos teatro trashumante con Héctor Azar en La tinaja de Pirandello. Ganamos un festival de Bellas Artes con Jorge Esma…

Vega dio primero el brinco al teatro profesional. Debutó con una obra de Hugo Argüelles que se llamó La ronda de la hechizada. De ahí lo llamó Ripstein, de esos premios, para hacer Los recuerdos del porvenir.

Entré muy tarde. Por ejemplo, Pepe Alonso y yo empezamos juntos. A Pepe lo vio Ernesto Alonso y dijo: ¡Este!, y trabajó siempre. A Juan Ferrara lo metió su mamá. Yo entonces no trabajaba. Estaba en los teatros, en las cajas de los teatros, amargado y renegando; preguntándome ¿por qué yo no trabajo, si yo sé que soy mejor que éste? Esas cosas que piensas.

Hasta 1974 hizo su primer protagonista en cine, con Alejandro Galindo, quien era un hombre sabio y del que sí aprendí; era de ideas, absolutamente de izquierda y del pueblo, decía. Con este director rodó El juicio de Martín Cortés, historia del hijo que tuvo Hernán Cortés con La Malinche.

Luego lo llamó Ripstein para hacer El lugar sin límites y Jaime Humberto Hermosillo para Las apariencias engañan.

En los años 80 conoció a Luis Alcoriza, con el que hizo Terror y encajes negros.

Viró luego a la televisión. A los casi 40 años entró a ese medio. Actuó en La traición y luego en Cuna de lobos, parteaguas en la historia de las telenovelas.

En días pasados Marimar Vega, una de las hijas del actor, fue entrevistada y adelantó que su padre no volvería a actuar. Fue el 30 diciembre de 2014 en el teatro Hidalgo con La señora presidenta, con la que dijo adiós al teatro.

La actriz Patricia Reyes Spíndola, al lamentar la muerte del actor, compartió que lo recordará como un hombre siempre sonriente.

Fuimos compañeros de actuación en varias ocasiones, y sé que esta es una pérdida muy grande para el arte; él lo mismo hizo cine que teatro o televisión, expresó la actriz a Notimex.

A Gonzalo Vega, cuya última participación en cine fue en Nosotros los nobles, se le había diagnosticado desde hace varios años síndrome mielodisplásico y en las últimas semanas su salud se deterioró aún más.

Con información de: La Jornada

 

 

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