Publicada el 05-10-2016 (12:40:32)

Una red de células colombianas dedicadas a préstamos ilegales, extorsiones y amenazas opera a nivel nacional, de acuerdo con datos de Procuradurías y Fiscalías estatales.

Crónica logró verificar su presencia en la Ciudad de México y por lo menos otras 18 entidades del país, donde se han abierto averiguaciones previas y realizado operativos para capturar a sus integrantes.

La actividad de arranque consiste en ofrecer a pequeños comerciantes, tanto establecidos como ambulantes, créditos exprés en un rango de mil a 20 mil pesos, con un interés mínimo del 20 por ciento cada 15 o 20 días, aunque los cobros proporcionales son diarios. Se trata del método conocido como “gota a gota” o “dinero al toque”, el cual nació en Colombia y se ha extendido a otros países del continente.

Más allá de la usura, encierra despojos, intimidaciones, secuestros exprés, lavado de dinero, financiamiento al narcotráfico y otras carteras criminales, según el testimonio de víctimas y especialistas.

El modo de operación es conocido ya por la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia, el Instituto Nacional de Migración (INM) y la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de Instituciones Financieras (Condusef).

Con historias de quienes lo han padecido, versiones oficiales e incluso voces de colombianos participantes, Crónica intenta desvelar esta mecánica criminal.

PESADILLA. Aún temerosa de salir a la calle, Elsa Martínez rescata aquella mañana de agosto de 2015: un hombre entró a su purificadora de agua, ubicada en la colonia Barrio de la Asunción de Xochimilco, para entregarle una tarjeta: “Préstamo de dinero fácil”, decía con letras destacadas, y una frase extra: “Resolvemos en unas horas, sin requisitos”. Estaba inscrito un teléfono celular y el nombre de una persona: Jairo. El negocio recién arrancaba y había necesidad de algunas compras. Nada mal le vendrían 2 mil o 3 mil pesos.

“Llamé con ciertas dudas, el tal Jairo me hizo algunas preguntas y en un par de horas ya lo tenía enfrente. Su acento era medio raro… Me preguntó cuánto tiempo tenía con lo del agua y me pidió mi credencial de elector. Dijo que por ser primera vez no podía prestarme 3 mil, y ofreció 2 mil. El acuerdo fue pagar 120 pesos diarios durante 20 días -60 por cada mil conforme al parámetro establecido por estos grupos-, así que al final pagaría 2 mil 400. Lo que me gustó es que vendrían cada día por el dinero, no perdería tiempo en pagos”.

En 20 días saldó la deuda y el hombre la etiquetó como buena cliente. “Si necesitas más, adelante”, le dijo. Ya para entonces conocía su origen colombiano, acreditado no sólo por el acento sino por la colección de camisetas con la imagen del futbolista James Rodríguez y sobre todo por sus alusiones cafetaleras: “No hay como el tintico de mi país”, presumía. A veces era otro joven el cobrador: llegaba muy silencioso en su moto —principal medio de transporte usado por los colombianos—, pedía el dinero, firmaba la tarjeta donde se registraba el avance del pago y se iba.

Ya en confianza, Elsa pasó a los 3 mil y luego a los 5 mil, por los cuales pagaba 300 pesos diarios, 6 mil al cabo de 20 días.

“Descansé un poco, pero en diciembre sabía que mi esposo recibiría 20 mil pesos de una caja de ahorro y con 10 mil pesos más podría comprar otra planta purificadora de uso, pero en buen estado. Así que le hablé a Jairo y le conté el plan. No fue tan fácil, pero me los prestó. Tenía que juntar todos los días 600 pesos, aunque por esos días las ventas iban subiendo y estaba segura que sí los sacaría”.

Pero la vieja purificadora se averió en menos de una semana. Entre el desembolso de la reparación, el desplome en el llenado de garrafones y la desolación de los días iniciales de enero, comenzó a retrasarse con los pagos. “Los dos primeros días no me dijeron nada, pero al tercero Jairo me dijo que serían 100 pesos más al día, fue como una bola de nieve que ya no pude detener. ¿Cómo podía defenderme si no había nada firmado? De repente, ya le debía 15 mil. Una tarde llegó con su ayudante y otro señor, me sacaron a la fuerza del negocio y me subieron a un auto”, narra la mujer entre sollozos.

—¿Qué pasó?

—Me anduvieron paseando por la ciudad, quizá dos o tres horas. Sólo repetían que no estaban jugando, querían su dinero… ‘Mejor nos las llevamos y le damos su merecido’, decía el desconocido. Puras amenazas: que ya tenían vigilado a mi esposo y a mi hijo y los iban a secuestrar, que sabían de mi departamento y me lo quitarían, que podían hacer y deshacer en México porque estaban protegidos. Me jalonearon y el más joven hasta me toqueteó. Ha sido la experiencia más terrible de mi vida. Decidieron soltarme, con la condición de pagarles en menos de una semana, pero ya no serían 15, sino 25 mil pesos.

—¿Y por qué no denunció?

—No tenía ningún papel y me amenazaron: si acudía con las autoridades se llevarían a mi hijo. No se te ocurra ni acercarte con la policía, porque ahí están nuestros padrinos, decían.

Elsa debió deshacerse de los insumos disponibles de la purificadora, pagó, cerró la cortina, vendió su departamento y huyó a otro lugar de la ciudad. “Parecía tan fácil, sin riesgos, pero se convirtió en pesadilla”.

Y no es un relato aislado…

CDMX, CENTRO OPERATIVO. El mismo artilugio ha sido detectado por la Condusef en las delegaciones de Iztapalapa, Tláhuac, Tlalpan y Miguel Hidalgo. Este diario también corroboró casos en Xochimilco, Milpa Alta, Iztacalco, Gustavo A. Madero, Azcapotzalco, Cuajimalpa, Venustiano Carranza y Magdalena Contreras. Once demarcaciones.

De manera paradójica, la Procuraduría de Justicia de la CDMX, encabezada por Rodolfo Ríos Garza, ha sido hasta ahora la más hermética e inmóvil. Durante tres semanas Crónica le solicitó información sobre los trabajos para desmantelar esta red y la respuesta siempre fue silencio e indiferencia.

Sin embargo, los expedientes en otras Fiscalías y Procuradurías refieren a la Ciudad de México como centro de operaciones de estas bandas. Es la urbe donde se reúnen antes de repartirse el mercado nacional y otros indicios lo refuerzan: declaraciones de los propios colombianos detenidos, matriculas de motocicletas y vehículos asegurados y direcciones localizadas.

Pero aquí en la capital las autoridades nada saben…

Por medio de expedientes ministeriales, reportes policíacos, actas circunstanciadas y averiguaciones previas, se han documentado acciones de los colombianos en todas las regiones del territorio mexicano y en específico en los estados de Aguascalientes, Jalisco, México, Veracruz, Puebla, Tlaxcala, Zacatecas, Coahuila, Guanajuato, Nayarit, Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Oaxaca, Michoacán, Hidalgo, Nuevo León y San Luis Potosí.

En los operativos de rastreo, investigación y captura han participado policías ministeriales, preventivas, judiciales, de reacción operativa y agentes del INM. Los arrestos se han concretado mientras deudores eran amenazados, agredidos o extorsionados, y cuando cuadrillas colombianas realizaban labores de enganche y cobro en zonas comerciales, mercados públicos y tianguis, sus lugares predilectos.

Una de las indagatorias más solidas en torno al asunto se ha realizado en la Fiscalía General de Aguascalientes. En declaraciones, los sudamericanos detenidos aceptaron su expansión “prioritaria por el centro del país y la Península de Yucatán” y las argucias migratorias para ingresar a México y permanecer aquí largo tiempo.

¿De dónde proviene el flujo de dinero utilizado en los préstamos y cuál es su destino?

Ya la violencia asoma: la Fiscalía de Veracruz ha asentado la tortura y asesinato de cinco colombianos prestamistas. Vivían juntos en un departamento de la ciudad de Córdoba.

Es la sangre gota a gota…

Con información de: Crónica

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