Una osa parda atacó dos veces y mordió todo el cuerpo de Todd Orr, quien sobrevivió y grabó un video para mostrar sus heridas.

Este 1 de octubre, Todd Orr fue atacado dos veces por una osa parda cerca de Bozeman (Montana, Estados Unidos) y grabó un video, que ya han visto millones de personas, en el que muestra sus múltiples y heridas.

Este hombre ha explicado en su cuenta de Facebook que decidió dar un paseo por el bosque Beaverhead-Deer Lodgey y que cada 100 metros gritó para espantar a los plantígrados, que abundan en esa zona. En un momento dado, Orr vio que una osa con dos oseznos comenzaron a acercarse y les roció con un aerosol especialmente diseñado para evitar ataques de animales, pero no funcionó.

“Se puso encima de mí y mordió mis brazos, mis hombros y mi mochila. La fuerza de cada dentellada era como un martillazo con dientes. Paraba durante algunos segundos y reanudaba su tarea. Una y otra vez. Tras varios minutos, que parecieron una eternidad, desapareció”, relata la víctima, quien trató de protegerse la cabeza y el rostro.

Aunque Orr estaba herido, se dio cuenta de que sobrviviría, con lo cual intentó caminar y correr los cinco kilometros que lo separaban de su camioneta. Sin embargo, durante su trayecto la osa lo alcanzó de nuevo y la sangrienta escena se repitió: “¿Por qué yo? Tuve mucha suerte la primera vez, pero entonces me pregunté si superaría la segunda”.

El animal “me mordió los hombros y los brzos de nuevo”, uno de sus bocados “atravesó mi antebrazo y escuché un crujido”, el dolor “causó que respirara para tomar aire y eso provocó que recibiera” una nuevas dentelladas. Como “sabía que no podía moverme o hacer más ruido, me estuve quieto”, pero “otros dos bocados en mi cabeza abrieron una herida sobre mi oreja”, la sangre “cubrió mi rostro” y “pensé que era mi final”, pero “permanecí quieto, esperando a que terminara”, prosigue este hombre.

El agredido detalla que, de repente, la osa “se paró y se mantuvo sobre mí” y se produjo “un silencio sepulcral, salvo por el sonido de su fuerte respiración y sus olisqueos”. Durante 30 segundos, Todd Orr pudo sentir “sus garras delanteras en su zona lumbar” y “el terrible olor que emitía”, pero permaneció quieto y el animal “se marchó”.

Orr, gravemente herido, tuvo que manejar unos 30 kilómetros hasta el hospital más cercano. “No fue mi mejor día, pero estoy vivo”, concluye su relato.

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