La investigación de un grupo de científicos resultó en la indignación de grupos que protegen la vida animal, después que se diera a conocer la noticia que un pequeño erizo llamado Russet murió por la cantidad de rastreadores en su cuerpo.

Russet tenía 26 fundas de plástico atadas a algunas de sus espinas y un radio transmisor, que tenían la finalidad de monitorear al animal y dar información para la Universidad de Nottingham Trent.

Desafortunadamente, por el radio y los plásticos en su cuerpo, el erizo era incapaz de enrollarse sobre sí mismo, por lo que quedaba expuesto a depredadores y las inclemencias del ecosistema.

‘Hacerse bolita’ –como se le llama coloquialmente- es característico de esta especie, así los erizos quedan protegidos de cualquier ataque, ya que forman una bola de púas, una habilidad que han desarrollado a lo largo de cientos de años y que ha mostrado ser muy efectiva en su conservación.

Sumado a esto, tener estos objetos en su cuerpo le causó mucho estrés, por lo que el animal no comía, ni tomaba agua, estaba bajo de peso y tenía algunos de los dedos de sus pies rotos.

Tanto la universidad como la Sociedad Británica de Preservación de Erizos defendieron el estudio y aseguraron que sus investigaciones jamás han interferido en la vida de los animales.

“En los 30 años de trabajo no hay evidencia de que nuestra investigación interfiera con el bienestar de los erizos en absoluto”, afirmó un representante de la Sociedad Británica.

“El animal puede moverse sin problema y salir a realizar sus actividades, como comer y engendrar”, apuntó la Universidad de Nottingham

Sin embargo, varias personas han atacado el estudio y tachan esta situación de crueldad animal, algunos grupos defensores de los animales esperan que se abra una investigación para saber qué sucedió realmente con la salud de Russet.

Con información de Excélsior.

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