Un terreno de ocho hectáreas en el condado de Benewah, en el estado de Idaho, es actualmente el foco de atención para un grupo estadunidense que busca prepararse para cualquier cosa que pudiera ocurrir.

Las ocho hectáreas son el primer paso de lo que una organización autodenominada como “The Citadel” (la Ciudadela) espera llegue a ser “una pequeña comunidad de entre tres mil 500 y siete mil familias de patriotas estadunidenses que voluntariamente decidan vivir juntos según el ideal de derecho a la libertad de Thomas Jefferson”.

La ideología que uniría a la nueva comunidad sería la combinación de patriotismo, orgullo en el excepcionalismo americano, libertad y “preparativos físicos para sobrevivir y prevalecer ante catástrofes naturales -como los huracanes Sandy o Katrina – o hechas por el hombre, como un fallo de las redes de energía o un colapso económico”.

La comunidad planeada incluiría un muro exterior, con fortalezas, donde se integrarían departamentos, y comunidades con subdivisiones que, de acuerdo con su página web, estarían delimitadas con muros para facilitar su defensa.

El eje de la comunidad sería una fábrica de armas, que fungiría fuente de seguridad, y a la par ofrecería empleo e ingreso a los habitantes.

La Ciudadela puede no ser el caso más extremo, pero incluye las condiciones de una subcultura estadunidense que ha existido hace décadas en un país donde periódicamente hay prédicas del fin del mundo y grupos dispuestos a creerlo: los “sobrevivientes”.

Para 2012, se estimaba que unos tres millones de estadunidenses podrían ser ubicados en la categoría de personas que se preparan para el fin del mundo, cuándo y cómo suceda.

Muchos de ellos se comunican ahora a través de internet o publicaciones multimedia, que como Trends Journal, se ocupan de racionalizar el inminente desastre que viene y justifica todos los preparativos.

Una página, por ejemplo, lleva el sugestivo nombre en inglés SHTFplan.com, acrónimo de una popular frase: “el excremento llega al ventilador”.

Trends Journal, por su parte, anuncia simultáneamente el triunfo del poder popular, el creciente peligro de guerra mundial, la muerte del capitalismo debido a la avaricia de los bancos y las ingentes marejadas de personas que huyen de zonas en conflicto.

“Hoy, en la cúspide de los tal vez más difíciles tiempos en la historia humana, más estadunidenses que nunca se preparan para la posibilidad de desastre”, asegura
SHTFplan.com.

Y por supuesto, la página, como otras publicaciones similares, está llena de anuncios de equipos para protección contra peligros biológicos, bioquímicos y de radiación; equipo de supervivencia para corto y largo plazos; formas de obtener y acumular metales preciosos, además de cursos de supervivencia, además de propiedades en el campo lejos de los grandes centros de población (pero siempre dentro de Estados Unidos).

Un blog bajo el título survivalist.com se presenta como “el principal recurso para la preparación y la supervivencia. Nuestro entrenamiento para membresía en línea está lleno y recargado con las mejores técnicas y entrenamiento para ayudarlo a ser autosuficiente. El sobrevivientismo puede hacerlo formidable, sin miedos y listo para lo que sea”.

El movimiento como tal, si así se le puede llamar, fue retratado por la publicación National Geographic en una serie de televisión que duró dos años, pero consignó el interés en ese sector.

Idaho y Montana, estados en el noroeste de Estados Unidos, son sin duda dos de los puntos predilectos para quienes creen en la posibilidad del fin del mundo, y buscan establecerse en relativa comodidad y todas las previsiones del caso.

Los anuncios clasificados en Idaho pueden ser extraños en otras partes. Ahí es posible que la oferta de venta de una casa incluya generadores de electricidad potenciados por gas o por paneles solares: congeladores con capacidad para decenas de kilogramos de comida y tanques con capacidad para diez mil litros de agua potable.

Tampoco es extraño que la oferta incluya, o precise la existencia, de un bunquer de refugio hecho con grueso concreto armado y filtros de aire, amén de su propio almacén de comida, ropa, medicamentos y armería.

Hace más de 25 años que esa región del noroeste de Estados Unidos es la meca de miles de personas que esperan una catástrofe que termine el mundo.

Son desde aquellos que piensan y se preparan para luchar “al lado de los justos” en la batalla del Armagedón, el juicio final del que habla la Biblia, a los que esperan “simplemente” el colapso de la sociedad mundial, la estadunidense en particular, por un desastre sea natural o provocado por el hombre.

Pero la idea tiene también fuertes condicionantes de paranoia. Los grupos de “sobrevivientes” creen en la necesidad de acopiar víveres y armas, construyen con frecuencia refugios subterráneos fortificados, adquieren generadores eléctricos o tratan de generar electricidad con métodos alternativos y producir cultivos hidropónicos o en lotes propios.

Tratan, en otras palabras, de hacerse unidades o comunidades autosuficientes.

La relativa inocencia y la aparente locura se confunden pero tienen, sin embargo, otras características. La mayoría de los seguidores tiene fuertes creencias políticas y religiosas conservadoras, salpicadas con sentimientos raciales y nacionalistas, según estudios del Southern Poverty Law Center (SPLC).

“Marxistas, socialistas, liberales y republicanos del aparato probablemente hallen que la vida en nuestra comunidad es incompatible con sus ideologías y estilos de vida actuales”, afirman los proponentes de “vivir libremente” en La Ciudadela.

Para muchos de ellos, las regiones montañosas y boscosas del noroeste estadunidense, especialmente en los estados de Wyoming, Montana, Idaho y Washington, son ideales para construir refugios en medio de la soledad, pero también cerca de personas que más o menos comparten una visión del mundo.

Los preparativos para casos de desastre no son nada nuevo. Grupos religiosos como los mormones,
cívicos como los Boy Scouts, o el propio gobierno, alientan a los estadunidenses a prepararse para emergencias que pudieran involucrar cortes de energía eléctrica, falta de agua potable o escasez de alimentos.

“Pero hay una creciente subcultura de personas que quieren estar preparadas para el colapso de la democracia y la civilización estadunidenses. Algunas veces llamados “preppers” (por preparados), esas personas de creencias apocalípticas son un mercado para negocios de supervivencia”, señaló recientemente el diario The Idaho Statesman.

El periódico, que se publica en la ciudad de Boise, está en el epicentro de la cultura de los “sobrevivientes” y la más reciente formulación de “los preparados”.

Para los legos, las diferencias son mínimas. Para ellos, son importantes, aunque no necesariamente excluyentes: un superviviente buscará técnicas que literalmente le permitan sobrevivir en cualquier circunstancia.

Un “preparado” puede ser, según la revista del mismo nombre, alguien que vive en una región propicia para desastres naturales y buscará prepararse para cualquier eventualidad, aunque sin excluir algunas otras posibilidades.

El sobreviviente, al menos según el estereotipo, es un “lobo solitario” por naturaleza. Un “preparado” tiene más vínculos comunitarios.

Pero para los grupos más extremos, la inminencia de un desastre está presente. Puede ser un ataque nuclear o una pandemia de ébola; puede ser un desastre  natural o creado por el hombre, pero la visión es siempre pesimista y extrema respecto al futuro de la humanidad.

Cualquier pretexto es bueno. Uno de los escenarios de moda es la posibilidad de que Corea del Norte lance un satélite espacial y detone un arma nuclear sobre Estados Unidos para crear un “Pulso Electromagnético” que inutilizaría la mayor parte de la red eléctrica del este de Estados Unidos y mataría a millones de personas.

Otra idea es que lo hagan Irán, Rusia o China. Paralelamente, la literatura de su tipo está llena de argumentos donde epidemias infecciosas diezman a la población -en algunos casos crean “zombies” –y sólo quedan vivos los núcleos mejor preparados y más aislados.

Otras más, tanto o más populares, incluyen un colapso financiero de los Estados Unidos o un desastre ecológico.

“Pánico es lo que veremos de ese 99 por ciento restante de los estadunidenses que no tomaron las medidas para protegerse de la devastación venidera”, asegura SHTFplan.com.

Con información de Excélsior.

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