Integrantes de la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) marcharon este viernes para manifestar su descontento por la supuesta “represión” ocurrida la noche de este jueves en el Zócalo de Oaxaca.

Angélica García Pérez, representante de la comisión política de la Sección 22 en la región Valle de Oaxaca, calificó como un “acto de represión” las acciones del jueves, ya que no se les permitió el paso a los profesores.

“Hubo agresión por parte del gobierno de Oaxaca, y por ello este movimiento, en repudio a la represión”.

Declaró que continuarán con sus protestas contra la reforma educativa, “ya que trae el sentido de quitar los derechos a los trabajadores de la educación”.

Más de 300 profesores participaron en la marcha que partió del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO) rumbo al Zócalo de la ciudad de Oaxaca.

15-marchas22_interioresCon información de Quadratín

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1 Comentario

  1. La corrupción es la clave. De la política como de todo cuanto vive; esto es: muere. Cuando Aristóteles dice que la corrupción –esa peculiaridad de «los seres que, por naturaleza, nacen y perecen»– es la vida, no un accidente o irregularidad suya, todas las claves para entender la política quedan abiertas. Y eso Bueno lo recuerda frente al zapaterismo: política y corrupción son inseparables; más que en ningún otro caso en la democracia, porque el más refinado de los sistemas políticos es también el más vulnerable. Por eso, no hay democracia que pueda sobrevivir sin haber acorazado un cerco de controles judiciales y penales en torno a sus políticos. Por eso, una casta política impune, como la española, podrá tal vez regir un sistema de tolerancia y libertad relativas. No, una democracia. En el menos ominoso de los casos, una oligarquía benévola, en la cual robo y abuso no excedan la raya del crimen. No, una democracia.

    Porque la corrupción, subraya Bueno, no es sólo aquello que el código califica como delito. Ésa es su fracción ínfima. Y no, desde luego, la que mueve más dinero ni más influencias. «La corrupción delictiva, la establecida por el código penal, constituye tan sólo un caso particular (codificado y medido) de la corrupción democrática (o política) general. Hay más corrupción política en el proyecto de ley de plazos del aborto que la que pueda haber en el escándalo de financiación ilegal de un determinado partido político o en la prevaricación de un alto funcionario». E infinitamente más que en ninguna de ellas, en la estúpida lengua de trapo bajo cuya humanitaria nadería elude el político dar cuenta de lo esencial: dónde van nuestros impuestos. Es la no delictiva, la legal, la más devastadora de las corrupciones. Da ejemplos: el borrado de la división de poderes, el juez estrella, los monstruosos estipendios de políticos aún más ignorantes que gandules,

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