Al concluir el primer semestre de 2016, casi 4 mil hectáreas de bosques de Oaxaca, propiedad de 12 comunidades, han sido certificadas e integradas al programa de venta de bonos de carbono

A la vera del camino que lleva a la comunidad de Santiago Teotlasco, en la Sierra Norte de Oaxaca, una espesa cobija de pinos y encinos cubre la frenética actividad biológica y bioquímica que mantiene a la montaña siempre verde, renovada y fecundante.

Los dueños de esos bosques son parte de una fraternidad de 12 comunidades, distribuidas por todo Oaxaca: zona mixe, costa, sierra norte, sierra sur y valles centrales; ellos se describen como “vendedores de aire limpio”. Los árboles de sus tierras capturan dióxido de carbono (CO2) y ayudan a empresas, instituciones y eventos mexicanos que buscan neutralizar el impacto de sus emisiones de CO2 a la atmósfera a través de la compra de los llamados “bonos de carbono”, por ejemplo: el festival de rock Vive Latino; la residencia oficial de Los Pinos, la próxima Cumbre de Naciones Unidas sobre Biodiversidad (en Cancún), y decenas de empresas.

“En las asambleas campesinas, la gente recuerda que hace años ellos se reían cuando alguien les decía que el agua se vendía, pues se considera el agua como algo sagrado y de todos. Pero ahora que hemos explicado el concepto de la captura de carbono muchos entienden que al cuidar el bosque y vender bonos de carbono es como vendedores de aire limpio”, dice a Crónica Carlos Marcelo Pérez González, Director Técnico de la asociación civil Integradora de Comunidades Indígenas y Campesinas de Oaxaca (ICICO), que representa estas comunidades.

Al concluir el primer semestre de 2016, casi 4 mil hectáreas de bosques, propiedad de las 12 comunidades –la mayoría de ellas indígenas—, han sido integradas al programa de venta de bonos de carbono, y se espera que al concluir 2017 rebasen 30 mil las hectáreas inscritas y certificadas, informó ICICO.

Aunque hay diferencias según el tamaño y especie de los árboles, se calcula que una hectárea de bosque, selva o manglar saludable, con aproximadamente 400 árboles, puede capturar cada año 35 toneladas de CO2 de la atmósfera. Por eso, en 1997, la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático, de Naciones Unidas, incluyó en el Protocolo de Kioto, el concepto de “bono de carbono”, como un documento que avale las acciones de empresas, instituciones y gobiernos para reducir o capturar CO2, por ejemplo, reforestando. Un bono equivale a una tonelada de CO2 no emitido o capturado.

Con información de Crónica

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