Las elecciones en España del pasado 26 de junio dejan enseñanzas importantes y, sobre todo, muchas preguntas abiertas. ¿Por qué se modificó el resultado que pronosticaron las encuestas previas y las que se hicieron el mismo día de los comicios? ¿Qué significa que la alianza de Podemos e Izquierda Unida haya perdido casi un millón de votos? ¿Por qué el Partido Popular, inundado de corrupción y mal gobierno, ganó en las urnas? ¿Problema moral o político? Además de formar gobierno, ¿hay una demanda que dejan las urnas del 26J?
La democracia española, como otras, ha entrado en una crisis de representación en donde la soberanía popular ha cedido su lugar a los proyectos de intereses globales. Estas crisis de régimen han tenido respuestas diferentes en cada país, así mientras crece la ultraderecha y la xenofobia en diversas partes, en España se dio un movimiento social en las plazas que cuestionó una democracia débil y partidos corruptos. Ese famoso M15 de 2011 se transformó en una nueva formación política, Podemos, y ha logrado en un par de años ser una opción de izquierda que ha renovado la forma de hacer política. Lograron diputaciones en el parlamento europeo, en mayo del año pasado ganaron gobiernos municipales en algunas de las principales ciudades mediante alianzas con fuerzas locales (Madrid, Barcelona, Zaragoza, La Coruña, Valencia, entre otras) y han puesto en práctica políticas de defensa de lo público para oxigenar la vida política de esas comunidades. Ante este proceso surgió otro partido ubicado en el centro-derecha, Ciudadanos, con lo cual el espectro del viejo bipartidismo que gobernó España desde la transición, se transformó. En diciembre de 2015, Podemos se lanzó a las elecciones generales y quedó en un tercer lugar, muy cerca de PSOE, pero el “ganador”, el actual partido gobernante no logró formar gobierno (de los 350 escaños se necesitan 176 para tener gobierno); tampoco el PSOE lo pudo hacer y así se llegó de nuevo a las urnas el 26 de junio, una suerte de segunda vuelta.
El resultado llama la atención porque, después de todo el desgaste que tuvo el PP con políticas de austeridad y mucha corrupción, subió sus votos, pero de nueva cuenta está obligado a hacer una alianza amplia para formar gobierno. El PSOE quedó en segundo lugar, con su peor resultado histórico, Ciudadanos bajó y la alianza Unidos Podemos no pudo dar el sorpasso (subir al segundo sitio y rebasar al PSOE).
Entre diciembre y junio cambiaron las expectativas alimentadas por prácticamente todas las encuestas previas en donde la coalición Unidos Podemos daba el salto y se colocaba en segundo lugar, una posición estratégica para encabezar el gobierno. Cambió la percepción generada con el Brexit, tres días antes de los comicios españoles, con una amalgama de impactos poco definidos, pero que pudieron haber alimentado el temor de moverse hacia un nuevo escenario, por eso ganó el malo conocido, como dicen los españoles.
Se abren varios ejes de reflexión que acompañan este proceso y lo que venga en los próximos días y semanas en España: la nueva realidad de Europa después del Brexit; la probable formación del gobierno mediante una coalición encabezada por el PP; la definición de una izquierda que se moverá entre dos ejes, la cocina parlamentaria de proyectos y la acción directa en la calle. Después del análisis y la autocrítica por las elecciones y con los ánimos más asentados, España entrará en la fase institucional, aburrida, de hacer política. Los cambios tendrán que esperar mejores tiempos, porque en el 26J dominaron las inercias y lo que han llamado la “coalición del miedo”…

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