En el lapso de tiempo entre el 15 de mayo y en el presente mes, ha habido escuelas que han abierto sus puertas, manteniendo el desarrollo de los programas de las materias del plan de estudios. Los maestros continuaron con sus alumnos las clases, pese a las presiones para unirse a los plantones, a los bloqueos, a las movilizaciones. Están en condiciones de clausurar el ciclo escolar sin afectaciones mayores, con la aprobación de los padres de familia, con las ceremonias tradicionales y con la certeza de que los alumnos recibirán la documentación correspondiente, las boletas de grado y los certificados de ciclo.
En un amplio número de planteles no ha habido más clases desde esa fecha conmemorativa del Día del Maestro. En ellas el paro ha sido como se planteó, total e indefinido. La mayoría de los casos  se han dado en las regiones del Istmo y la Costa. Al acercarse la fecha límite del ciclo escolar, 15 de julio, los maestros están convocando a los padres para anunciarles que, pese a los días no laborados, llevarán a cabo los actos de clausura. Ante esto, no han faltado los reclamos indignados, la exigencia de cumplir con el ofrecimiento de reponer las clases, de cumplir con los programas.
En una escuela de Juchitán los padres y madres convocados escucharon los planteamientos de los docentes. Les dijeron que tenían preparada la ceremonia de clausura, que habían contratado un salón de eventos sociales. Fijaron la fecha, detallaron las actividades, establecieron el monto de una cuota para cubrir los gastos de alquiler, invitaciones, decorado y ambientación, lo que se estila como si todo hubiese sido normal, es decir, sin interrupciones del ciclo escolar.
Las reacciones no se hicieron esperar. De llamarlos cínicos pasaron a los reclamos. Porque no podían avalar cursos incompletos, ni festejar la terminación de un ciclo escolar nuevamente irregular, ni prestarse a simular que la atención a sus hijos había sido responsable y completa. El alud de protestas sepultó las intenciones de los maestros, que fueron calificados como mentirosos por haber afirmado que el gobierno pretende privatizar la educación, cancelar la entrega libros de texto en forma gratuita, no proporcionar vales para la adquisición de uniformes escolares.
No faltaron los que expusieron situaciones personales. Como haber perdido su trabajo al cerrar empresas y negocios. Otros de no poder trasladarse a las comunidades donde laboran, no tener la oportunidad de adquirir los productos que distribuyen a la población por su condición de comerciantes, no disponer de combustibles para movilizar las lanchas para la pesca de productos del mar. Hubo  mujeres que expusieron las condiciones de sus familias, el esposo despedido y ellas tratando de sobrevivir ofreciendo de casa en casa alimentos y bebidas. “Y ustedes, que no trabajan, reciben salarios que no merecen…”, grito indignada una de ellas.
La reunión fue aprovechada por los asistentes para reclamar las conductas de los trabajadores de la escuela, a las que llamaron desleales, desvergonzadas e insolentes. “Ustedes evalúan a los alumnos y ¿porque se niegan a ser evaluados?, expuso una madre irritada. A nosotros nos han manipulado, dijo un hombre que se identificó como el campesino que se gana la vida y el alimento de su familia bajo los rayos del sol y el calor inclemente, no haciéndole el mal a su propia gente, a los niños, a los que les cortan el interés de ir a la escuela. El rosario de quejas sobre el desempeño de los que deben educar y formar se extendió para sorpresa de los convocantes, a los que se les acabaron los argumentos. Finalmente lo tutores se impusieron. No habrá ceremonia especial. No pagarán por lo que no aprobaron ni se prestarán al ridículo de festejar el daño que se hace a los alumnos. No validarán las farsas anuales.
El caso es emblemático, representativo, de lo que la sociedad no está dispuesta a mantener, que cada ciclo escolar termine fragmentado, incompleto y todavía se convoque a festejar el gravísimo daño que se hace a los menores. Pocos o muchos, pero hay padres y madres que manifiestan el hartazgo que les provocan quienes deben estar al servicio de la educación del pueblo.

Compartir

Dejar respuesta