Hace cuatro años, ante el triunfo electoral del PRI, las expectativas de amplios sectores del país se centraban en que, gracias a la experiencia de gobierno y al severo castigo que se dio en las urnas en el año 2000 —pero también en el 2006, en que el PRI se fue al tercer lugar en la elección presidencial—, la nueva administración estaría obligada a garantizar alta eficacia en todos los espacios de responsabilidad gubernamental. En parte por el incierto y complejo escenario económico internacional, pero también por lo que se ha dejado de hacer aquí, los resultados que, obtenidos en lo económico y lo social, han profundizado un malestar acumulado por décadas.
Los datos sobre marginación en el país resultan sorprendentes si se consideran las gigantescas cifras de dinero que se han invertido en la materia: Guerrero, Chiapas y Oaxaca siguen siendo las entidades con los peores indicadores y se encuentran muy lejos de aquellas que ya hace 30 años les llevaban una considerable ventaja.
Adicionalmente, hay siete entidades que son consideradas como territorios con alto grado de marginación: Campeche, Hidalgo, Michoacán, Puebla, San Luis Potosí, Veracruz y Yucatán mantienen muy amplias franjas territoriales y de población que enfrentan severas carencias. De acuerdo con Conapo, en 2015 había un 16.5% de la población mayor de 15 años que no había concluido la educación primaria, es decir, 14.54 millones de personas; 28.4% de la población vive hacinada, mientras que el 37.4% de la población ocupada percibe dos o menos salarios mínimos al día.
De acuerdo con la Secretaría de Salud, las tasas de mortalidad materna continúan en niveles inaceptables, las de mortalidad infantil son muy elevadas y las tasas de mortalidad por enfermedades prevenibles siguen mostrando tasas aceleradamente crecientes entre la población adulta, y adulta mayor, pero también entre los jóvenes, en los casos de los homicidios, suicidios y accidentes, poniendo en riesgo la viabilidad no sólo del sistema de salud, sino, en general, de las finanzas del Estado.
De acuerdo con el Calendario de difusión del Inegi, el 15 de julio deberán darse a conocer los resultados del Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS, 2015), con base en los cuales el Coneval deberá calcular la medición multidimensional de la pobreza.
Dadas las políticas y los programas existentes, los resultados de la nueva medición pueden ser anticipados de manera casi obvia: se han continuado ampliando inercialmente las coberturas de acceso a los servicios vinculados a los indicadores medidos por el Coneval, pero el gran problema de acceso al trabajo y a salarios dignos sigue pendiente, por lo que se habrán reducido —otra vez— algunas carencias, pero los ingresos siguen siendo insuficientes.
En septiembre de 2015, México se comprometió a cumplir con los Objetivos del Desarrollo Sustentable, los cuales implican, de manera estructural, erradicar la pobreza en todas sus formas, erradicar el hambre y reducir la desigualdad, tres ámbitos en los que en tres semanas sabremos cómo vamos y, sobre todo, de qué tamaño es el esfuerzo que este gobierno debe llevar a cabo en las escasas semanas que le quedan.
El secretario de Gobernación advirtió la semana que concluyó, respecto de las movilizaciones de la CNTE, que se ha agotado el tiempo; tiene razón; pero también se está agotando en otros ámbitos y frentes, que no tienen que ver con la coyuntura sino, sobre todo, con la posibilidad de construir un país de bienestar y justicia para quienes menos tienen.

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