En la abundante información e imágenes que circulan en las redes sociales, se encuentra una fotografía, que además fue publicada en el periódico “A Diario”. Es la de un hombre que duerme en una hamaca, colgada en la vía publica, sostenida por los barrotes de una ventana. Es, sin duda, uno de tantos trabajadores de la educación, que así “desquita” el salario no devengado.
Evidentemente ese activista  descansa después de haber participado en una más de las jornadas de violencia y bloqueos que lleva a cabo la CNTE desde hace casi 50 días. Como fondo, en un muro, se alcanza a leer una  frase que alude a combatir, hacer la revolución.
La imagen de ha vuelto viral. Circula mostrando lo que se hace y pasa en una lucha que deja saldos negativos con muertos, heridos, daños a la economía de la sociedad, del estado y a la imagen de un gremio que en lugar de protestar con violencia, debería estar dedicado a cumplir con su responsabilidades y a prepararse para servir con eficiencia a los niños, niñas y jóvenes, la razón de ser como trabajadores de la educación.
Quienes así protestan y califican como punitivas  las normas de la Reforma Educativa, deberían, en todo caso, dedicar el tiempo malgastado, en prepararse, estudiar, actualizarse, para  demostrar, a través de evaluaciones, que son aptos, capaces, de educar a las generaciones puestas en sus manos, para transformarlas positivamente. De esta manera, con manifestaciones de rechazo a la Ley que obliga a evaluarse, se demuestra que no se quiere salir de la zona de confort construida a partir del desarrollo de una serie de habilidades de protesta, utilizando el chantaje, la manipulación y el cohecho.
En cualquier actividad laboral la evaluación no solo es consustancial, necesaria. Es obligatoria. Ejemplos sobran en la iniciativa privada, en las actividades laborales de miles, millones de trabajadores, que son constantemente sometidos a cursos de actualización y en consecuencia a evaluaciones, que si de ellas no se obtienen resultados favorables, deseables, son despedidos, para dar paso a otros dispuestos a mejorar desempeños.
El magisterio es una profesión que exige de preparación y actualización constante, permanente. En su desarrollo se trata con seres humanos, con quienes no se vale equivocarse, por la trascendencia que los resultados tienen. Lo que el maestro tienen bajo su responsabilidad, son seres humanos, a los que hay que ayudar a formarse y transformarse. No son objetos, con los que si se dan equivocaciones, se desechan y se utilizan otros. No es maestro el que improvisa, no planea las actividades del proceso enseñanza – aprendizaje, no se actualiza, no se esmera en buscar y obtener nuevas estrategias para hacer  de las clases, acciones productivas, útiles. No es maestro el que no comprende que el alma de cada niño es un libro en blanco en el que se está escribiendo para toda la vida.
Las tareas, el desempeño del maestro, deben ser constantemente valoradas, evaluadas. Advertir qué funciona y que no. Corregir y enmendar los errores es fundamental en la acción de educar. ¿Pero, cómo se advierten los aciertos y los errores, el saber y no saber, si no es a través de la evaluación? Todas las actividades humanas están sujetas a evaluaciones intencionadas o no. De ahí que resulte necio oponerse a ser avaluados.  O a evaluarse bajo condiciones particulares, las que convengan, no las que deben ser.
Bien se afirma que la educación es  uno de los mayores compromisos sociales, que la profesión de maestro es un ejercicio constante, vivo, de alta responsabilidad, que rebasa los límites de la normalidad, que la preparación constante es un deber insoslayable.
Con trabajadores de la educación echados debajo de tiendas de campaña, lonas o manteados, demostrando la pereza que los cansa, no será posible moldear la conciencia social de los mexicanos, de los oaxaqueños, que mañana serán los conductores de los cambios o de los retrocesos. Con maestros y maestras cansadas de descansar no se cumple el lema de la organización a la que pertenece: “Por la educación al servicio del pueblo”.
La postal que ofrecen los que echados en una hamaca “luchan por la educación  del pueblo”, enseñan con el ejemplo sobre cómo se desperdician valiosos tiempos.

Compartir

Dejar respuesta