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Dos visiones polarizadas intentan analizar y hallar conclusiones sobre las constantes comunicaciones de grupos armados, respecto a la problemática magisterial que prevalece en el corredor del Pacífico Sur del país: unos, los que aseguran que grupos como el EPR son prácticamente lo mismo que la CNTE, y que por eso hay efervescencia frente a las circunstancias; y otros, que niegan tajantemente cualquier relación y desvían la atención frente a situaciones como la toma de control de las acciones de rebeldía por otras organizaciones, y el desplazamiento del magisterio en el liderazgo y la organización de las protestas. El análisis sustantivo, sin embargo, debe considerar otras cuestiones que hasta ahora parecen poco analizadas, y que son tanto o más relevantes que esas dos conclusiones primarias.
En efecto, este fin de semana el Ejército Popular Revolucionario dio a conocer un nuevo comunicado —han emitido cuatro en los últimos 15 días, algo muy inusual en organizaciones de esa naturaleza— en el que respalda las acciones magisteriales, y a la par de hacer advertencias al gobierno federal sobre la decisión del pueblo organizado de no rendirse, llama a ciudadanos y organizaciones a estar alertas para defender su dignidad frente a los embates de la oligarquía gobernante. Evidentemente, más allá de su lenguaje cotidiano, lo que verdaderamente debe llamar la atención de esos comunicados no son las advertencias sino los mensajes que se envían entre las organizaciones que participan —o que simpatizan— con la resistencia magisterial. ¿De qué hablamos?
De que, como lo apuntábamos en entregas anteriores, los grupos armados no actúan con base en los momentos históricos o en las fechas predestinadas, sino que más bien buscan aprovechar las coyunturas.

 

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