Las exigencias al gobierno de la República de abrir las carreteras, de eliminar los bloqueos, de dar fin a las condiciones de sitio en las que se encuentran ciudades, poblaciones, de Oaxaca y Chiapas, obligan lo obligan a dos cosas. A llamar por enésima ocasión a la dirigencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, a dialogar con una posición constructiva, dando muestras de buscar soluciones sin afectar a terceros, que llevan  semanas y meses sometidos por la fuerza; o de lo contario a tomar decisiones necesarias para liberar las vías de comunicación.
La respuesta a las declaraciones del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, es la esperada de acuerdo a las posiciones intransigentes de los líderes.  Responden con: “estamos preparados”, advirtiendo que si hay desalojos, habría masacres. La idea es llevar a las bases a situaciones indeseables para unos y otros, a un sacrificio que bajo ninguna  circunstancia vale la pena. El peligro de una confrontación física no tendría otro resultado que el que deja la violencia, lesionados y muertos, ampliar y complicar el conflicto, ingresar a un callejón sin salida.
Debe el gobierno tomar todas las medidas posibles para que esto no ocurra. Está obligado a responder a las comunidades aisladas, a miles familias que padecen las consecuencias del desabasto de alimentos, medicinas y combustibles, a todo lo que afecta la vida normal; a los lastimados en  su economía y trabajo, a  empresarios y trabajadores de los medios de producción paralizados por la falta de insumos. Pero también tiene la responsabilidad de  respetar los derechos humanos, de proceder con cautela, de evitar la debacle que desean los extremistas.
Sensatez y prudencia  deben estar del lado de unos y otros. La obligación de encontrar rutas que conduzcan a soluciones es de ambos. En nada ayudan los envalentonados que suponen tener al gobierno atado de manos, con la soga al cuello, de rodillas y gritan: ¡estamos preparados!, como confirmando, que la intención es la de llevar al sacrificio a quienes responden al llamado de defender los bloqueos hasta con la vida.
Los dirigentes de los inconformes deben asumir posiciones responsables. Deben entender que todo líder no manda al matadero a sus seguidores. Por el contrario, los cuidan, evita el peligro. Así lo hicieron en el pasado dirigentes de la Sección 22, que ante circunstancias desfavorables promovieron y llevaron a cabo “repliegues tácticos”, al comprender que las condiciones no permitían continuar las movilizaciones. Había que replantear las estrategias sin abandonar las causas, buscar otros caminos de solución  sin perder de vista las metas.
Lo propósitos no son dogmas. Habrá que entender que lo que se demanda, la abrogación de las normas relacionadas con la Reforma Educativa, no está en las atribuciones del poder Ejecutivo. Está en el Legislativo. Se tocan puertas equivocadas.
El gobierno llama otra vez al diálogo. Lo que la sociedad exige es que sea efectivo a través del uso del mismo lenguaje, de los mismos signos y códigos, para llegar al fin, a comunicarse, que no es otra cosa que entenderse, comprenderse, actuar sin simulaciones. El fin debe ser dialogar con la sana intención de llegar a los acuerdos, considerando que lo que expongan unos y otros de los participantes sea viable, valido, legal, necesario.
El peligro acecha, como lo describiera Pablo Neruda, con sus dientes de carcoma, para aniquilar al otro. Hay que eliminarlo con sensatez, prudencia, inteligencia y voluntad, pensando en el pueblo, que no es un ente imaginado sino real.

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