Esta mañana, numerosos medios publicaron una supuesta demanda del gobierno francés en contra de los artesanos de Santa María Tlahuitoltepec, en la sierra de Oaxaca. El rumor proviene de una nota publicada este verano, que encontró grandes similitudes entre un diseño artesanal mexicano y una túnica de la diseñadora francesa Isabel Marant.
En el supuesto documento, el gobierno francés prohíbe la producción y venta de prendas de diseños mixe y exige el pago de regalías a la empresa francesa que la patentó.
La “empresa francesa” podrían ser dos.
La primera es Isabel Marant.
En enero de este año, la cantante mexicana Susana Harp publicó en sus redes sociales dos fotografías. En una aparece una blusa de la diseñadora francesa, en la segunda un grupo de mujeres de Tlahuitoltepec. Ambas llevan el mismo tejido mixe en la parte superior de sus prendas.
La publicación se viralizó hasta mayo.
El 3 de junio, el alcalde de Santa María Tlahuitoltepec, Erasmo Hernández González dio una conferencia de prensa en el Museo Textil de Oaxaca. En ella condenó a Isabel Marant y “toda institución o empresa pública, privada, nacional o internacional que, con fines de lucro, se apropie de los elementos culturales que caracterizan a los pueblos indígenas.” Acusó a la marca de no darle los créditos correspondientes a la artesanía local con más de 600 años de tradición.
Finalmente, Hernández González hizo un llamado a las autoridades y a Marant a reconocer el trabajo de su localidad, e incluso invitó a la diseñadora a conocer a las artesanas.
Después, la prensa internacional retomó la información. The Guardian publicó una nota que incluyó un nuevo conflicto, la segunda “empresa francesa” de la que habló la prensa mexicana esta mañana.
La marca de ropa Antik Batik interpuso una demanda en contra de Isabel Marant por plagio del mismo diseño en cuestión. El verano pasado, ambas compañías aún estaban en pleno litigio.
En su defensa, Isabel Marant presentó ante la corte francesa evidencia de que el origen e inspiración del diseño eran en efecto de la comunidad oaxaqueña. En un comunicado de la casa de moda, la compañía aclaró: “La señora Isabel Marant informó oficialmente a la corte, al cabo de rastrear el verdadero origen de sus prendas, que no reclama la autoría de la túnica ni estos diseños”.
De acuerdo a The Guardian, los artesanos de Santa María Tlahuitoltepec no sabían sobre la declaración de Marant. Tampoco se habló de retribución económica alguna a los oaxaqueños.
Cuatro meses después, las redes sociales retomaron el tema. El nuevo rumor era que Isabel Marant (o la otra “marca francesa”) había registrado como su propiedad intelectual el diseño mixe. Y no sólo eso, sino que el gobierno francés había hecho llegar al municipio de Tlahuitoltepec una demanda por el pago de regalías de sus prendas.
La Agencia Quadratin contactó a Erasmo Hernández al respecto, que afirmó desconocer la existencia del documento. Así mismo, Adelfo Regino, Secretario de Asuntos Indígenas del Gobierno de Oaxaca, tampoco sabe del supuesto documento y negó demanda alguna del gobierno francés.
“Nos llegó la noticia de un supuesto documento. Para corroborarlo he tenido comunicación con el presidente municipal, que dijo que no existe.” afirmó.
Entonces sí, Isabel Marant lucró con un diseño mexicano. Y sí, la artesanía indígena está desprotegida de plagio. Pero no, el supuesto registro nunca ocurrió.
Sin embargo, abrió de nuevo el debate sobre el tema de fondo: la falta de protección a la artesanía mexicana.
De acuerdo a Regino, los pueblos indígenas son dueños de la propiedad intelectual de sus creaciones porque las han usado históricamente para sus trajes tradicionales y son una parte fundamental de su patrimonio cultural. El funcionario cita al artículo 31 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos Indígenas que así lo establece.
El día de mañana, Regino aseguró que se reunirá con el presidente municipal de Santa María Tlahuitoltepec para analizar “el hecho de que esta empresa estaría violentando esta norma internacional al usar un diseño que corresponde a un pueblo indígena. Buscaremos acudir a las instancias que correspondan  ya sea de carácter nacional o internacional”.
En México, el secretario apelaría al Instituto Nacional del Derecho de Autor. Si no fuera la estrategia apropiada, apelaría a la Organización Mundial de Propiedad Intelectual, que asegura cuenta con un grupo de trabajo intergubernamental capacitado para tratar con temas de identidad de pueblos originarios.
Así mismo, el funcionario asegura que el reto de la administración del estado de Oaxaca es crear un régimen jurídico que garantice la propiedad intelectual colectiva en este tipo de cuestiones. “Lamentablemente la propiedad intelectual está regulada como un derecho individual, sólo personas  físicas pueden registrar una patente o una marca” dijo. Sin embargo, existen precedentes en protección a la artesanía en el mundo. Ejemplo de ello es Panamá que reconocer la propiedad colectiva respecto del patrimonio cultural de los pueblos indígenas.
Adolfo Regino aseguró que el siguiente paso será buscar una reforma constitucional que garantice un marco normativo que permita el registro de diseños y toda la gama de “creatividad artística indígena del país”.

Con información de Milenio

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