Desde finales del año pasado extendiéndose a los primeros cuatro meses del año, la economía mexicana sorprendió al gozar de mejor salud de lo que se esperaba, por ejemplo, en abril la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD) reportó un extraordinario crecimiento de 10.1 por ciento en unidades abiertas por más de un año, sin embargo, para mayo el indicador mostró una disminución en el ritmo de crecimiento con un avance únicamente de 2.9 por ciento. Afortunadamente la venta de vehículos nuevos se ha mantenido con un fuerte ímpetu que las llevó a registrar un crecimiento de 19 por ciento, lo que ha permitido compensar parcialmente la disminución en las exportaciones.
La fortaleza del mercado interno se explicó en 2015 y en los primeros meses de 2016 por los efectos de la reforma de telecomunicaciones que se manifestó en una disminución en los costos de la telefonía fija y móvil, la disminución en las tarifas eléctricas, el dinamismo del sector turístico y factores positivos en el sector agropecuario, las exportaciones de los primeros cinco meses de dicho sector ya superan las exportaciones petroleras. En 2016 la debilidad de la actividad industrial estadunidense se hizo más evidente.
Las nubes con las que terminamos la primera mitad del año se han configurado en un entorno decididamente nublado con posibilidad de tormenta ante la sorpresiva decisión de los británicos de salirse de la Unión Europea, lo que llevó al Banco de México a aumentar la tasa de referencia nuevamente en 50 puntos base, situación que genera el riesgo de exacerbar la desaceleración económica. Ayer temprano en radio, el economista Jonathan Heath me advertía de lo negativo de los datos del IMEF Manufacturero correspondientes a junio que mostraron una caída de 3.9 unidades, lo que significó su segundo peor retroceso en la historia del indicador y por otro lado el IMEF No Manufacturero que tuvo un desplome de tres unidades, la peor caída en la historia. El título del reporte del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas es sintomático al preguntarse: ¿Focos rojos?, la respuesta parece ser afirmativa, si tomamos en cuenta el comunicado que acompañó la decisión de política monetaria del Banco de México en donde el instituto central afirma: “En particular, en abril de 2016 se acentuó la atonía de la producción industrial, en parte como reflejo adverso de las exportaciones manufactureras, a la vez que los servicios se desaceleraron”.
El entorno interno y externo es adverso, hay cierta contención con respecto a la evolución de las finanzas públicas y no hay mucho margen de maniobra de parte del gobierno federal que debe tener una buena ejecución en el recorte y el gasto para disminuir en la medida posible el impacto en la desaceleración económica. En su comunicado, el Banco de México destacó la necesidad de que la Secretaría de Hacienda tome acciones adicionales para reducir el gasto y esto nos habla de que el gobernador y los subgobernadores están viendo mal el oleaje hacia adelante con la posibilidad de que se materialice una tormenta perfecta pensando en Trump en la Casa Blanca. En el escenario actual, México se encuentra navegando en aguas turbias con cierta fragilidad interna que hoy es Oaxaca y Chiapas, ayer fue Michoacán y Guerrero, mañana puede ser Tamaulipas y Veracruz, hoy el margen del marco es menor al de otros tiempos, la segunda mitad del año nublado y con posibilidad de tormenta.

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