El sábado pasado salieron desfilaron por las calles de la Ciudad de México más de doscientas mil personas para celebrar la diversidad, en una más de las marchas del orgullo LGBT. Los ríos de gente que caminaron desde el medio día por las calles de Reforma continuaban llenando el Zócalo hasta bien entrada la tarde. Fue una celebración de la diversidad que tuvo lugar en paz y armonía.
Hubo, sin embargo, una nota disonante de la que poco se ha hablado: en la entrada al Zócalo se instaló un grupo de cerca de 15 hombres pertenecientes a la autoproclamada Juventud Nacional Socialista, que hasta ahora no se había hecho visible, y se situó allí con una actitud amenazante. Enmascarados algunos, con rostros llenos de odio y mandíbulas trabadas los otros, llevaban un letrero que no casualmente estaba escrito en letras color sangre: “Familia natural: Hombre y mujer”. La misma consigna que cantaban, muy en alto, una y otra vez.
A simple vista parecían un grupo de jóvenes perdidos en la era medieval, renuentes a aceptar la realidad y la modernidad. Pero ese grupo que se presentó en el Zócalo –rodeado de un fuerte dispositivo de seguridad y de representantes de la CNDH para evitar confrontaciones— acudió con el claro propósito de provocar, amedrentar, buscar el choque y presentarse como héroe entre grupos de la derecha. “Me dicen facha por mata cucarachas”, escuché claramente cantar a algunos de ellos en un abierto mensaje de odio, cercano a la incitación violenta. Poco se sabe acerca de esta juventud fascista. ¿Será que algunos de sus integrantes están detrás de las amenazas que recibieron personas y familias gays antes de la marcha? Sin duda es necesario monitorearlos de cerca.
En sus redes sociales pueden leerse toda suerte de mensajes de homofobia, xenofobia y desprecio a la diversidad, donde las iniciativas de matrimonio igualitario se atribuyen a una conspiración del sionismo, del capital internacional, del “lobby gay” y de las agencias de Naciones Unidas que propagan la “ideología de género”. Hay también mensajes amenazantes donde se lee: “el lgbetismo tiene sus días contados”.
Se trata, probablemente de grupos con un número limitado de seguidores. Pero es necesario estar alertas porque representan el extremo de un discurso de odio homofóbico que se ha venido propagando cada vez con más vigor durante las últimas semanas en el país. ¿Hasta dónde es capaz de llegar este discurso que abiertamente promueve el odio a lo diferente y se acerca a la instigación violenta?
No está de más alertar que en las mismas páginas en las que aparecen los mensajes de odio de los autoproclamados jóvenes nacional socialistas –que deben saber realmente poco de la historia del nazismo- se mueven con naturalidad algunos grupos católicos y cristianos.
Algunos de estos discursos no están muy lejos de clérigos como el padre Antonio Gutiérrez Montaño, vocero del Arzobispado, que señaló –como si gays y lesbianas no tuvieran siquiera derecho a existir­-: “No hay un derecho humano a ser diferente, a ser homosexual, eso es antinatural, Dios hizo las cosas de otro modo; los perros se juntan con las perras para tener perritos”.
Discursos, en fin, que tampoco se alejan de aquel funcionario jaliscience que después de la masacre de Orlando lamentó que fueran 50 en lugar de 100. Por fortuna fue cesado. Y por fortuna también el Gobierno de la República se ha comprometido a proteger a las personas y a las familias de la diversidad sexual. Hoy el discurso oficial es por “el derecho de cada quien a elegir libremente a quién amar y con quién compartir la vida”, como lo anunció el presidente de México el mismo día de la marcha.

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