Después de que triunfó el Brexit, uno de sus principales promotores, Nigel Farage, líder del Partido por la Independencia (UKIP), declaró:  “Atrévanse a soñar que amanecen en un Reino Unido independiente”. Y vaticinó que “el genio euroescéptico ha salido de la botella y no volverá a ella”. Marine Le Pen, dirigente del Frente Nacional francés, afirmó que “ha vencido la libertad” y demandó convocar a un referéndum en Francia y en el resto de la Unión Europea (UE).
El Brexit catapultó el tsunami neofascista que asola a Europa (Austria, Bélgica, Francia, Holanda…) y que amenaza a otras partes del mundo, incluyendo a Estados Unidos. De ser minorías radicales y sectarias, los ultraderechistas, nacionalistas y populistas se han convertido en poderosos partidos, liderados por carismáticos demagogos, quienes explotan el temor de amplios sectores al terrorismo y a la inmigración (a quienes culpan del desempleo, de poner en riesgo las pensiones, la identidad nacional, etc.), y el encono hacia la UE por la austeridad, restringir la soberanía… a fin de llegar al poder cueste lo que cueste.
En Inglaterra fue escandalosa la estafa de quienes comandaron el Brexit y capitalizaron el “eurocabreo”, así como la polarización regional y social. En su autobús de campaña, el exalcalde de Londres, Boris Johnson, publicitaba los “350 millones de libras” que supuestamente el Reino Unido (RU) debe canalizar semanalmente a la UE, y aun cuando se comprobó que era falsa la cifra, que sólo eran 150, Johnson siguió con su falaz campaña. Farage se montó en esa mentira para prometer que se destinaría a la seguridad social… Así consiguió el voto de los adultos mayores, pero después de la victoria del Brexit, Farage reconoció que esa promesa era un “error”, que ese dinero serviría para el pago de servicios públicos y que no estaban garantizadas las pensiones…
Un engaño equivalente o mayor es el que patrocina Donald Trump, cuyas promesas de un muro en la frontera con México (“al que obligaría a pagarlo”), de deportar a millones de indocumentados, de etiquetar a los musulmanes, de salirse del Nafta, etc., reflejan su intento de capitalizar los sentimientos xenófobos, racistas, antiinmigrantes y antiislámicos de millones de blancos que responsabilizan a los ilegales y a los musulmanes del desempleo, la inseguridad, el terrorismo, la pérdida de la identidad nacional…
Una nueva desfachatez de Trump, ahora en Escocia (donde mayoritariamente votaron por el Remain), al aplaudir el triunfo del Brexit, afirmó que “es grandioso que los británicos hayan recuperado el control de su país”, lo que es congruente con su xenofobia, racismo y “naftafobia”, que tiene mucho de demagógico, pero que en lo inmediato ha influido negativamente en la reforma migratoria, en la depreciación del peso y, en general, ha estimulado a los neofascistas, eurofóbicos y naftafóbicos.
Los populistas han tratado de sacar raja del tsunami ultraderechista. Aunque fracasó en esta elección, Podemos fomenta el soberanismo de catalanes, vascos y gallegos, pese a que ello implique la desintegración de España (y de la UE), como es probable que le suceda al RU. En México, AMLO, quien también manipula a los “viejitos”, alienta la lucha retrógrada, violenta y desestabilizadora de la CNTE y de los radicales, quienes no sólo se oponen a la Reforma Educativa, sino también a los cambios, por la vía institucional y pacífica, que bloquean el desarrollo y el carácter globalizador de México.
El Brexit cimbra al mundo y alerta del riesgo del ultranacionalismo y el populismo.

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